Hoy leyendo, de nuevo, Locuras sin fundamento me encuentro con un fragmento que me hace recordar una conversación que tuve, hace ahora casi un año, con una futura traductora, bajo la cual se escondía mi prima, en un Ferry que nos llevaba a Ios, Grecia (una de sus islas) de interrail. El autor es Andrés Trapiello; alguien que opina lo mismo que yo, o algo que coincide bastante con mi opinión, sobre el decadente legado que nos dejaron las adolescentes Vanguardias y movimientos como el Romanticismo en cuanto a lo referido al arte:
"Yo no creo que es justo que a los pintores modernos nadie les exige que hagan un cuadro con argumento. En el XIX los pintores tenían que pintar grandes cuadros de historia o de tema mitológico o de lo que fuera. Los acometían sin titubeos, como hacen las bandas municipales con sus marchas militares las mañanas soleadas de domingo. La gente se ponía delante de un cuadro y decía: "una vaca". "Un doctor y la joven moribunda". "El general Dupré". Los músicos tenían que estudiar harmonía y lo que componían tenía un melodía, los temas musicales iban y venían mientras duraba la pieza y lo normal es que la gente terminara aprendiéndose de memoria las romanzas de Donizetti o de Verdi. Con los escultores pasaba lo mismo. Plantaban una señora delante y la sacaban tal cual, con más o menos alma, pero con dos piernas, dos brazos, una cabeza. Todo en su sitio. Llega el siglo XX y los pintores pueden hacer lo que les dé la gana, los músicos se han puesto todos de acuerdo para desfondar una docena de cacerolas por concierto y los escultores, más ambiciosos, cuando no hacen cruces gamadas de hierro forjado plantan monumentales y estrafalarios artefactos en cualquier plaza, de esos que ya no quitan nunca, emborronando un lugar que por lo general antes de la escultura tenía su carácter y encanto. Sólo a los escritores se les sigue exigiendo que las novelas tengan una trama, una unidad interna, un parecido con la realidad, personajes más o menos creíbles, diálogos inteligentes, brillantes, ingeniosos, profundidad psicológica, humor, humanidad, moral o moraleja... Es decir, sólo a los escritores se les exige que se sigan pareciéndose a Flaubert, a Balzac o a Cervantes. Que un pintor no se parezca a Tiziano o que un escultor no se parezca a Ficias, es una garantía de modernidad. Que un escritor no se parezca en más o menos grado , a Cervantes, y no tendrá nada que hacer".
¿Qué opináis?