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miércoles, 10 de marzo de 2010

De la buena y la mala intención...

Hace tiempo ocurrió algo que me hizo reflexionar sobre algo que podría ser antropología. Dos personas hablaban de ir a hacer la compra y de recoger unas fotocopias. Todo normal. Más tarde, una de ellas se acomodó en el sofá mientras veía un rato la televisión. La otra se fue a hacer la compra y recogió sus fotocopias y las de su amiga sin que ella lo supiese. Una sorpresa, y un gesto altruista, aunque sólo sea porque pesaban más de un kilo y porque se tuvo que desplazar para ello. Cargada de bolsas, libros y copias, la sorprendente amiga llamó al timbre, con lo que la que estaba frente al televisor se tuvo que desplazar hasta la puerta, mientras maldecía, con encono, a la que había ido de compras, simplemente por el hecho de no haber llevado llaves o por no utilizarlas para entrar. Me gustaría haber visto la cara de ésta última cuando su amiga le mencionó con sencillez y sin darle mayor importancia que había pasado a recoger sus fotocopias y que, por cierto, se las había pagado bona fide y con muy buena intención...

viernes, 5 de marzo de 2010

Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo

El falso progreso. El rótulo de la nueva ley del aborto es tan bueno, que he decidido colocarlo, con el propósito de homenagearlo, en el título de la entrada. Una vez, por desgracia, conocí a una mujer de treinta y pocos años, rubia, de pelo, enlacada hasta las cejas, vestida de pies a cabeza de Agatha Ruiz de la Prada: para resumir su imagen me valgo de la frase nocturna de algún amigo: "he visto puertas con menos barniz". A pesar de todo, a decir verdad, en su caso su fachendosa apariencia no era lo peor de ella. Recuerdo con nitidez que le transmitía a una supuesta amiga con total naturalidad que había decidido abortar ya que si daba a luz a un hijo más, que sería el segundo, "su figura se iba a resentir demasiado" (sic). La amiga perpleja asentía sin mediar palabra. Desde aquel día no puedo evitar sentir un fuerte rechazo a toda persona, feminista o no, que me diga que el Aborto es un derecho. Creo que habría que estudiar cada caso, y si el Estado no lo hace está dando marco jurídico a personas, si se les puede llamar así, a madres como ésta.

"En el Informe se señala que todas las personas tienen derecho a la mejor salud posible, incluida la salud sexual y reproductiva, y todas las personas tienen derecho a tener hijos y a decidir cuando tenerlos".

También tienen deberes y se debería trabajar para que no los olvidase nadie.

martes, 16 de febrero de 2010

Suddenly last Monday

Después de mucho tiempo, de repente, ayer en la estación me toco en suerte un vendedor realmente majo y educado, de estos que te dan los buenos días, las gracias e incluso (que sí que existen) te dicen la vía en la que te espera tu tren justo antes de un amable hasta luego. El viaje fue de lo más agradable. Iba justo al lado de una muchacha que se dedicaba a ver episodios de una serie que me gusta:Friends. Como ya los había visto, porque eran de la primera temporada, decidí ver Suddenly, last summer: 1937, Nueva Orleans. Una joven, Catherine Holly,


la rechoncha y preciosa Elizabeth Taylor, es enclaustrada en un psiquiátrico por obra y gracia de su tía, Violet Venable (la adorable Katharine Hepburn). Esta última resulta ser una adinerada viuda que ha perdido a su hijo, su querido y venerado hijo, cuando éste estaba en compañía de Catherine (quien sustituía a Violet en un viaje). Montgomery Clift ejerce de un neurocirujano especialista en lobotomía, recibe una cuantiosa oferta de Miss Venable para lobotomizar a Catherine... El final sorprende. Las escenas dialogadas son verdaderamente largas y solo un amante del cine de mitad del siglo XX conseguirá disfrutar al máximo del film. La música me gustó mucho, aunque un ruidoso vagón de tren no sea quizás el lugar idóneo para apreciarla. Mención especial, por cierto para Eli Taylor: literalmente se come la pantalla. Por cierto, en la

película se quedan muchos cabos sin atar y esto no es fortuíto... Me sorprendió mucho lo de las pastillas de Sebastian y no entiendo por qué los jovenes lo seguían con tanto ahínco. ¿Droga quizás? Vista esta pelicula cabe preguntarse por la supuesta originalidad de las progres películas de final abierto: con ellas muchas veces se pretende evitar un final moral, aunque sin saberlo ni pretenderlo siguen siendo aleccionadoras, pero de otra forma. Me gustó. Salí del tren ya sin los cascos del ordenador y pude escuchar lo que decía el sabio micrófono de Renfe: POR FAVOR SE RUEGA A LOS ACOMPAÑANTES DE LOS PASAJEROS QUE NO SUBAN AL TREN. Estabamos tre o cuatro por allí que no pudimos evitar reirnos.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Muecas sórdidas.

Recuerdo que una vez le recomendé a una de las mejores amigas/personas que tengo el capítulo número uno de Rayuela: lo leyó, le gustó, y acabó, claro, leyendo el libro entero. Por aquel entonces no la vi en algún tiempo. Cuando nos reencontramos me dijo: "cada vez que me labo los dientes me acuerdo de ti. Explicación: el capítulo uno dice "convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico". El otro día sucedió lo contrario: me lavaba yo los dientes con otra amiga en el cuarto de baño de nuestro piso cuando me acordé de quien se acordaba de mí al asir la Colgate."Pero ella no estaría ahora en el puente, pensé". Y detrás de nostalgias vino una imagen un tanto insólita del ser humano: las muecas de la higiene bucal. Observé a mi amiga y a mi propia cara con ayuda del espejo durante nuestra buena costumbre. En ocasiones (apelando al sexto sentido) tenía miedo, las muecas me producían pánico. ¿Podríais imaginaros la faz de Jack Nicolson enjuagándose los dientes?

jueves, 12 de noviembre de 2009

Beefeaters


El septiembre pasado, en Londres, no visisté el interior de la Tower of London. Pero leí algo llamativo sobre ella: a los yeomen wards, los vigilantes de la Torre, los denominan "Beefeaters," esto es, comedores de carne de vaca. Una de dos, o se está haciendo alusión a la ración de carne que se les solía servir o quizás sea una derivación del francés buffitiers: "guardianes del buffet real".

lunes, 2 de noviembre de 2009

Parecía un Neandertal

No, es broma. Parecía un gallego (en el buen sentido): pero no lo era. Gaditano de nacimiento, vive desde hace unos años en Sevilla. Su imagen de niñobien hizo que yo me figurase que era del norte de España. Craso error. Era sureño. ¡Tragedia!, pensé1 al principio. Estudia una carrera tan bien diseñada, tan difícil, tan importante para la supervivencia y el bienestar del ser humano (sic), como es Arquitectura. La lleva al día, a curso por año. Y para los que crean que esto es casi imposible, sólo decirles que este gaditano con alma de gallego ha visitado, por poner un ejemplo, este verano, París y Londres2. No creo que sea fácil combinar durante el año la carrera con algún que otro viaje. Pero él lo hace, o va a hacerlo, al menos, este curso3. Lo conocí en Londres, en la clase Upper-Intermediate del curso de inglés. Para los que les interese: su gramática era buena, su pronunciación: del sur. Pero, en cambio, como ya he señalado, del norte parecían sus modales e incluso algo muy importante4 en una persona; su humor. Es de los que le gusta más cruz y raya que los morancos5, y eso es extraño por Andalucía. Se gusta a sí mismo desconcertando, mofándose de la gente. Pero muy pocas veces ataca él primero. Su ironía está muy cerca de la gallega. Aprende rápido6, la verdad. Un buen día me dio una lección. Os presento el contexto: el muchacho es un GPS andante. Si le dices “llévame a una parte de Londres”, él simplemente lo hace y las más de las veces sin mapa. Su orientación, como he dicho, es extraordinaria. Empezamos a quedar con él cuando reconocimos su habilidad innata (evidentemente). Como recompensa, no creáis que éramos tan crueles, le ofrecíamos cena y cobijo. Como decía, un buen día, creo recordar que el día en que cenábamos los componentes de ABBA y el profesor filosófico en la cocina de la residencia, Dani, así se llama, llegó y me hizo un comentario.


Dani: “`[Ojcar, ¿sabes lo que me ha pasao hoy?]”

Yo: No dime, dime Dani.

Dani: [Pues na, que venía yo, ¿sabes?, venía yo to despistao en el metro y claro sabes que el único momento en el que yo me desoriento es cuando salgo de la estación, vamos, de la boca del metro].

Yo: Si, si, lo sé ¿y que pasó?

Dani: [Pues na tio, que me dije yo al salir, ¿y ahora hacia donde queda la Residencia? Y nada que me he conseguío orientar gracias a la Luna. He interpretao la posición y he sio capaz de orientarme7.]

Yo: Joder, Dani, que crack eres, eres muy grande tio.8

Dani: [No es tan difícil9.]

Instantes después de que yo me lo hubiera creído todo me explican la broma: la noche estaba nublada y la Luna, cubierta.


Pero la fortuna, el azár, τυχη la llamaban los griegos, hizo que yo pudiera vengarme con garantías. Ocurrió que tras un lento, canario, y arduo periplo para conseguir billetes para Cambridge, acabamos en el Tube que conecta en una hora Londres con Oxford. Durante el viaje yo dormí, mientras una amiga, Alba, y el sujeto, Dani, ojeaban uno de los mapas de mi guía. Llegamos a Oxford y nos bajamos con la otra pareja de agradables valencianos que venían con nosotros10. Yo todavía no estaba demasiado despierto al bajar del autobús. Mis compañeros de viaje tampoco lo parecían porque les costaba mucho orientarse. Creyeron hacerlo, pero finalmente Dani desestimó la idea. El mapa de mi guía parecía no servirles y llegaron a entrar en una tienda para ojear un nuevo mapa. Alguno de ellos cuando entraron en la tienda dijo que era mejor no comprar otro mapa porque eran iguales al de mi guía. Caminamos, un tanto a la deriva, y llegamos a una iglesia y a lo que parecía ser la calle principal de Oxford. Alba y Dani intentaban sopesar las teorías ajenas e imponer, claro, las suyas. Alba proponía, señalando en el mapa varios lugares posibles relacionados con nuestra localización. Dani simplemente los echaba abajo, los desestimaba por variadas razones. Hasta que dijo, es posible que estemos aquí.11 En ese momento tomé yo el mapa12. ¿Os imagináis mi sorpresa, mis insultos, y nuestras vistosas carcajadas en el momento en el que yo13 dije que en la parte superior de la página del mapa se podía leer Cambridge14?

La verdad es que no nos aburrimos mucho con el único y peculiar sureño que no baila en los pubs de Londres y que entiende y domina como nadie el humor gallego.

1 En este punto valoro como pensamiento a un prejuicio absurdo al que únicamente apelo en contextos cerrados y con personas que saben, perfectamente, que estoy bromeando.

2 Con esto quiero decir que sale de casa.

3 Destination: Santiago de Compostela (eso esperamos).

4 Existen teorías que relacionan el humor (en el sentido gallego) con la “inteligencia”.

5 He empleado el concepto humor para hablar de los Morancos: lo siento.

6 Cuando lo conocimos no utilizaba demasiado la ironía y la retranca gallegas. Hoy en día podríamos considerarlo un pequeño maestro.

7 Sus palabras reales pueden variar, aunque mínimamente.

8 Cara de Asombro.

9 Cara muy seria que me decía a gritos “me estoy quedando contigo” o “Qué gilipollas eres”.

10 Eran buena gente que venía con nosotros, dos gallegos retrancosos atacando incesantemente con tonterías y pseudospuñales a un gadi…tano simpático y la mar de receptivo.

11 Su tono inseguro y tembloroso, como esperando una reprimenda o una contestación hábil de Alba, era palpable.

12 Esto no es real debido al hecho de que yo había tomado el mapa en dos ocasiones anteriores pero no había conseguido orientarme.

13 Eso, que fui yo quien se dio cuenta del lapsus.

14 Hay que decir que la confusión de debe a que Alba y Dani durante el viaje (en las dos plazas delanteras del autobús) habían estado leyendo sobre Cambridge (supongo que para compararlo con Oxford).

lunes, 26 de octubre de 2009

Los viajes de la luna

En la Tate, creo que en la Tate British,


fue donde encontré un cuadro de Paul Nash que me gustó,



y mucho. Se llamaba “Los viajes de la Luna” (la de arriba es una foto ilegal y prohibida).



El cuadro planteaba una preciosa metáfora que consistía en que el espectador debería identificar en el fondo del cuadro la Luna que a través de unas complejas ventanas y paredes (o algo similar) se podía contemplar con las lámparas de las habitaciones que estaban atravesadas, en lo alto, por la parte superior, con la propia ventana lunar. Es gracioso que Nash compare la luna con una lámpara. Es una gran comparación. La luna “lux-ne” no tiene luz, al igual que una lámpara. Cuando la una no tiene electricidad la otra no tiene al Sol. La Luna y las Lámparas se encienden, además, en la misma parte del día, en la oscuridad.

Aquí supongo que encontraréis una explicación más "moderna, y seria".

martes, 13 de octubre de 2009

Pasos de Cebra

El pasado viernes, al salir de la estación de tren de Vigo, mientras arrastraba la liviana maleta, me topé con una pintada muy curiosa en compañía de Eos. La habían echo en un paso de cebra. Recordé al instante los Look right o los Look left de Londres. Me detuve a leerla y me gusto. "Educad a vuestros hijos y no tendréis que juzgar a los hombres".

Crucé porque los coches pararon y pude observar que en la otra punta del paso de peatones había otra pintada, quizás menos aguda según apuntó mi juiciosa acompañante. Mejor ésto que aquellas vacas que pacían hace algún tiempo por Vigo. Pero un paso de cebra quizás sea un tanto peligroso: no sé...

Pintura y prejuicios

A veces ocurre que los comentarios dogmáticos, estereotipados y prejuiciosos que la mayoría escupimos de vez en cuando (y que quizás en pequeñas dosis incluso sean saludables), se escuchan con inusitada frecuencia en muchos museos llegando a límites insospechados que pueden inducir a estropearle la visita al de al lado. La última vez que me ocurrió (me refiero al mezquino placer de ser el receptor de tales juicios) pensé en hacer esta entrada sobre la pintura, puesto que la agudo y afilado dictamen pronunciado en tono irónicamente reflexivo versaba sobre esta disciplina artística. (Olé, conseguí acabar la frase). Mi propósito no es, ni mucho menos, dictar o postular unos principios comunes que permitan el análisis de todos los componentes pictóricos, pues el papel de la pintura, como el de toda obra de arte, es muy variado a lo largo de la Historia. En cambio, creo que hipotéticamente si puede ser jugosa, la entrada, para las personas con demasiados prejuicios artísticos: creo que mis palabras van dirigida a todo aquel que irracionalmente desdeña por doquier el arte religioso del medioevo o que le parece deslumbrante cualquier cosa cercana a una determinada etapa de la historia normalmente rompedora y bien valorada por la masa actual (esto son cosas que cambian): Renacimiento, quizás Impresionismo. El primer paso, quizás el paso previo, al análisis, exhaustivo o no, de cualquier pintura podría ser la precisa determinación de cómo ha sido ejecutada. La técnica es primordial a la hora de conseguir determinados acabados o texturas y colores. Así, los tubos de colores, fabricados industrialmente, con pigmentos que producen resultados muy estridentes, son esenciales para la comprensión del movimiento impresionista. Con respecto a la iconografía podríamos decir que toda pintura, dicen que incluso las más abstractas, tienen un motivo. Pero no creo que la esencia de la pintura resida en la representación de ese motivo concreto, que podría repetirse, de modos completamente distintos en épocas diversas, y por supuesto, resulta incomprensible si no se vincula a un determinado contexto cultural mediante un ejercicio importantísimo de carácter hermenéutico. Las grandes culturas desarrollaron una iconografía relativa a su panteón de dioses: en Occidente, por ejemplo, son frecuentes los temas extraídos de la mitología grecorromana, así como los de uno de los libros de viajes más bonitos de la Historia, la Biblia. Están presentes en las representaciones los temas históricos, pasados o contemporáneos. Por último, esencialmente, nos quedan las alegorías y los temas literarios. En otra dirección se encuentran los cuadros que recogen anécdotas más o menos intrascendentes de la vida cotidiana, (éstos se denominan cuadros de género) y el retrato en general, para el que es muy interesante conocer la identidad del personaje. El paisaje, las vistas arquitectónicas y las naturalezas muertas o bodegones podrían ser incluidos en un carril contiguo , paralelo, al menos cercano, y siempre en esta dirección. Quizás desde el Realismo, quien acabó con la jerarquía de los asuntos, el tema pictórico ha de tratarse de forma un tanto diferente, pero no por ello debe, en ningún caso, despreciarse. La pintura como disciplina artística específica tiene un determinado lenguaje. Para intentar comprenderla habría que tener unas mínimas nociones de su gramática:

*El volumen: aunque la pintura es bidimensional, las figuras pueden sugerir corporeidad gracias al claroscuro.
*La línea: permite reconocer unas determinadas formas: hay pinturas dibujadas con un trazo firme y cerrado, que quizas revelan una intención descriptiva. Otras en cambio poseen un trazo más abocetado y abierto lo que se interpreta con la imaginación o franqueza. La línea puede generar una estructura independiente o combinarse con otros elementos como el color.
*El color: este quizás sea elemento que más define una pintura. Existen grandes y diversas clasificaciones de colores. Debe tenerse en cuenta el color en relación con otros elementos de la obra.
*El espacio: en la pintura occidental, desde el Renacimiento a través de la perspectiva, de manera que la pintura se convierte en una especie de ventana que se abre a un determinado espacio imaginario. Pero, además fuera de esos límites cronológicos, así como en otras culturas hay formas distintas de sugerir el espacio, ya sea por procedimientos simbólicos, como en el arte medieval o mediante la superposición de planos, como en el cubismo (Juan Gris, Violín y Guitarra).


*La luz: recuerdo haber aprendido tres formas de iluminación posibles: la uniforme, que se distribuye por igual en todas las partes del cuadro: la dirigida, que sirve para destacar con mayor intensidad unas partes que otras, generando tensiones expresivas y dinámicas: y la que se relaciona con los planos de color, cuyos orígenes están en la pintura moderna.
*La composición: por último y para cerrar los rasgos formales la composición se refiere al orden armonioso de los elementos del cuadro. Existen composiciones cerradas, centradas en el cuadro, o abiertas, las que se expanden hacia los extremos y no convergen en el punto medio. Suelen distinguirse con facilidad esquemas compositivos (triángulos o diagonales) y líneas de fuerza, centrífuga o centrípeta, que tienden a sugerir movimiento o estabilidad.


Ahora, dejando al margen las formalidades, hay que destacar los aspectos que la gente considera más puramente estéticos, simbólicos y sociales. Tras la valoración pseudobjectiva de los aspectos anteriores podríamos pasar, por lo tanto, a un análisis de carácter más histórico-artístico. Podríamos inscribir o adscribir la obra en una corriente determinada ya que, salvo excepciones que ahora no se me ocurren, responde a un determinado gusto de una determinada época. Debemos atender asimismo a su función ya que un cuadro o imagen constituye un objeto cultural que tuvo en su tiempo, el que sea, un determinado papel personal o social. Toda pintura posee un significado histórico y como todo lenguaje artístico, siempre pueden existir más significados que los meramente derivados de su forma o tema. Las ideas abstractas que tan de moda estánban en 1920 (y que siguen estando) por ejemplo.

Hoy casi consigo, aunque soy consciente de que no se puede, ser imparcial.

lunes, 5 de octubre de 2009

ABBA: La revolución Sueca

Nueve de la noche. Nos bajamos del metro de Londres cargados con las maletas. La estación era Lambeth Road. Del mismo modo se llamaba la calle que buscábamos. Era muy larga. Teníamos el número del portal añorado: en él se encontraría la residencia. Internacional House, se llamaba. Nos encontrábamos en medio y medio de la calle y decidimos probar suerte hacia la izquierda. Sería más fácil interpretar el sistema de numeración de los portales pero nos resultó demasiado complicado. Llegamos al extremo sur de la calle que buscábamos y la residencia no aparecía. Un muchacho indio nos ayudó al vernos cara de perdidos. Su consejo fue fructífero:

Id hacia el otro lado, nos dijo.

Evidentemente lo obedecimos y encontramos rápidamente la residencia. Todo iba viento en popa y al instante ya estábamos mi amiga y yo compartiendo nuestra twin, la 404. La residencia había sido muy barata y la verdad no estaba mal del todo sin contar el rancio olor de la cocina y el hecho de compartir baño con más gente cuando habíamos pagado lo contrario. No nos importaba demasiado. Pasaron cuatro días y conocimos a otra chica de la residencia que vive cerca de nosotros en Galicia. Ella fue quien nos informó una mañana de que nuestra querida Internacional House se había inundado. Por ello la recepcionista me detuvo a la entrada y me sugirió que deberíamos irnos a otra residencia propiedad de la Universidad de Westminster en plena Marylebone Road, justo al lado de la mítica

Baker Street.

Tomamos el metro y paramos, eufóricos, porque sabíamos ya que la residencia era mucho mejor

que la anterior, en la Baker Street Station.


Nuestra habitación compartida se convertiría en individual. El recinto lo protegían una serie de porteros (la mayoría de ellos personas negras y muy musculosas) que producían seguridad y nerviosismo a la vez. Todo era maravilloso. Teníamos habitaciones individuales en un piso 11, con baño propio y una cocina preciosa y nueva, sin haber pagado ni una libra más. Se suponía además que nos quedaríamos en esta residencia toda nuestra estancia. Maravilloso. Lo sabíamos. Demasiado, quizás. Lo extraño, por calificarlo de alguna forma, fue el poco talante del que hicieron gala los trabajadores de la residencia al dejarnos una notificación en el suelo del pasillo de nuestras habitaciones para informarnos de que nos invitaban a dejar su residencia ya que “tendrían que arreglar una avería y nos iban a dejar sin agua caliente tres días, al menos”. Milagrosamente nuestra residencia antigua y más barata ya había sido arreglada en apenas una semana, coincidiendo ¡casualidad! con el arreglo de la nueva y más cara. Evidentemente, como haría cualquier persona con marcado carácter peninsular, nos negamos a irnos. No está bien enseñar un caramelo a un niño y después robárselo. Decidimos quedarnos en nuestras habitaciones, pues ellos simplemente en la carta nos avisaban de que habían hecho el papeleo necesario para nuestro regreso a la Internacional House debido a los problemas con el agua caliente. Nos quedaríamos incluso con agua fría. Lo curioso es que el día 21 de septiembre llegó (era el día en que comenzarían el agua fría a reinar) y el agua se seguía calentando. Fue dos días más tarde cuando decidieron hacernos el feo. En la nueva residencia éramos a penas 5 españoles. Nos hacíamos los suecos. Todos nos quedamos, en pie de guerra. Pero fue una guerra psicológica. Los orientales (chinos y japoneses) la mayoría no la resistieron y volvieron a la antigua residencia. Nuestro grupo rebelde, sin pasar ni un solo día por recepción (excepto dos buenas broncas de una agradable mujer que había estudiado en su juventud Filología Inglesa) llevamos a cabo la revolución sueca. Nos denominábamos ABBA. Dos de nosotros nos duchamos los dos días que cortaron el agua caliente en una especie de agua fría. Un tercer miembro del equipo, siempre el más sofisticado de nuestro pelotón, calentaba agua en potas/cacerolas en la cocina para hacer más placentera la higiene. Habíamos perdido la batalla. Nuestro antídoto contra las pantallas repletas de nuestros nombres era efectivo y luchaba también contra los papeles pegados en las nominales paredes: Wanted:

El método consistía en irse muy temprano de la residencia (teníamos clase a las 9) y volver lo más tarde posible (en Londres eso es sobre las 10 o 10:30), y además solíamos pasar con auriculares por la zona del mostrador de recepción y sin girar la vista hacia el trabajador caza recompensas que nos buscaba. Tras la segunda bronca de la única componente del grupo que rompió la ley del silencio y dirigió la palabra con los recepcionistas el milagro del agua caliente se produjo de nuevo y pudimos ducharnos a gusto hasta el final de nuestra estancia londinense. La victoria fue celebrada. Perdimos la batalla, pero nos quedamos hasta el último día en la Residencia de muchas estrellas y sin pagar, por lo tanto, ganamos la guerra. ¡Vivan los Suecos!

Basado en hechos reales

(odio escribir esta última frase: es solo un chiste)

El British alone

En mi segunda visita al British me detuve, esta vez sí, a contemplar las esculturas del Partenon. Sorprendentemente recordaba bastantes detalles, sobre todo de su temática. Las metopas simbolizan el triunfo del orden sobre la barbarie (luchas entre dioses y gigantes, hombres y amazonas, lapitas y centauros). Todo esto son metáforas para hacer hincapié en la victoria de los griegos sobre los persas en las famosas guerras médicas. El friso interior, es decir, el Friso de las Panateneas,

recoge la procesión en la que los atenienses entregaban como ofrenda y agradecimiento un nuevo manto a la imagen de Atenea. Los frontones se ocupan de los orígenes de Atenas: primero tenemos el nacimiento de Atenea (oriental) y por último el desafío de Atenea y Poseidón por el patronazgo de la ciudad en el frontón occidental. Al contrario de lo que opinan los expertos, mis ojos profanos no encontraron más interesante el friso de las Panateneas que el resto de las esculturas. Suele decirse que es un relieve bastante bajo en el que varios jinetes avanzan hacia la imagen de la diosa. En el movimiento de los caballos y los mantos vemos una compensación de agitación y serenidad, de modo que resulta una imagen dinámica, sin caer en el desorden. Los jinetes y efebos aparecen más bien heroizados, totalmente desnudos y con proporciones clásicas. No representan a personajes concretos sino a prototipos ideales de los ciudadanos atenienses. Personalmente mis esculturas favoritas del los frontones son, además del Dionisos, el grupo del ángulo izquierdo del frontón oriental, donde aparece el nacimiento de Atenea. Esta ocupado por tres figuras que se interpreta que son las diosas Leto, Artemisa y Afrodita.


Las figuras se adaptan a la forma del frontón de una forma fluida que queda muy lejos del estatismo de los frontones anteriores. Los volúmenes aparecen enlazados y las formas de los cuerpos de las diosas se dejan adivinar sensualmente gracias al tratamiento mojado de los famosos paños. Fidias supo recoger en el Partenón la interpretación que los atenienses y sobre todo el más ilustre de ellos, Pericles, dio a la victoria de los griegos sobre los Persas. Sus ciudadanos tienen conocimiento de sus fuerzas, conocen sus límites, que están, por un lado, en la pertenencia a la polis (cuyos ritos ancestrales se conmemoran en las Panateneas) y en reconocer la superioridad de los dioses. Las perfectas correcciones ópticas del Partenon demuestran el nivel elevado de sutileza y de refinamiento que alcanzó la Atenas del siglo V a.C. Por cierto, toda la vida se ha dicho que el Partenón es un templo Dórico con influencias claramente jónicas: ¿podría considerarse tal influencia como un guiño de Fidias y Pericles hacia la hermandad que los Atenienses quieren establecer con las ciudades de Asia Menor, las más amenazadas por la influencia Persa y quienes van a ser regidas por la propia Atenas en el futuro?

El British

Lo primero que visitamos en Londes fue el Museo Británico, el British. Le dedicamos todo un día (y yo volví otro adicional). La primera sala impresiona, aunque a mi acompañante no le entusiasmó. El Enlightenment, la Ilustración. Me gustó, irracionalmente claro, una estatua de Esculapio:


En la misma sala me fijé en una carta que un futuro arqueólogo enviaba a un colega de profesión. Era de 1818 y trataba sobre los jeroglíficos egipcios. Me sorprendió el poder entenderla en su mayor parte. Quizás sea verdad el rumor ese de que el lenguaje científico es casi latín también en inglés. La carta era del “scholar” Thomas Young, quien había estado trabajando en el desciframiento de los jeroglíficos desde que la piedra Rosetta había aparecido en el 1799. En el 1818 el escribió esta carta al padre de William John Bankes, quien estaba viajando por Egipto, pidiéndole ayuda. Éste lo animo a copiar las inscripciones con el nombre de los reyes y dioses para demostrar dónde y cómo encontrarlos. En la parte inferior de la carta añade los jeroglíficos sobre los que ha estado trabajando, con sus significados (la mayoría, según egiptólogos actuales, correctos).

La balanza

Había estado en Londres sólo de paso una vez: haciendo un trasbordo para Dublín. Me apetecía ir, pero solo un poco. Surgió la oportunidad de realizar un curso en lengua inglesa y sería un absurdo el no aprovecharlo. Sólo me hicieron falta un par de días para darme cuenta de que el ambiente londinense no se adecuaba tanto a mí como el de París. Son ciudades grandes muy diferentes. Sólo hicieron falta un par de horas para alabar el buen gusto de los franceses. Lo mal iluminada que esta Londres, y eso que buscan la luz tenue, contrasta con lo perfecto de la ciudad de la luz, París. Lo que no podría comparar es el tono del Sena con el del Támesis.

Lo perdido en traducción

En el fondo sí me gusta conocer gente. Pero sólo interesante. En Londres coincidí con un profesor de Filosofía que es gallego y da clase en Galicia. Se parecía mucho a un antiguo profesor mío (de los que causan efecto), físicamente, en gestos. Era curioso, al menos. Una de estas personas enérgicas, alegres, entusiastas, con opiniones decentes sobre cosas básicas. Tuvimos una conversación, sino varias, sobre filosofía. Me acabó preguntando por qué hacía Clásicas. Mi respuesta fue: ¿por qué no? Me dijo que ahora orientaban a la gente, a los jóvenes, hacia carreras más prácticas que tuvieran más arraigo en la sociedad. Me reí. Este profesor era de los que pretenden demostrar, y quizás lo hacen, que la filosofía debe ser útil para la sociedad y que está a la orden del día y en la vida cotidiana de la gente. Dicen que tiene que dejar de ser un ejercicio para elitistas (los viejos prejuicios sobre la filosofía siguen en juego). Me dijo que había estudiado el bachiller de ciencias y yo le pregunté, simplemente por curiosidad si no estaba apenado por no saber, por no haber estudiado las lenguas muertas por excelencia. Su respuesta tajante cargada de ironía fue: No, para nada. No me sorprendió. Es la actitud normal y un tanto gregaria de cualquier persona “de números” si es que tal distinción entre las personas es válida, ya que no considero a este buen profesor una persona de esta índole. Lo que me sorprendió fue tras preguntarle su especialidad, vamos, en qué autor o autores era especialista, vaciló unos momentos y mencionó al gran Platón. Genial, pensé (pues es de mis preferidos). Luego recapacité y me pregunté hasta qué punto puede ser alguien especialista en Platón sin conocer nada del Griego Antiguo. Me dijo que para eso estaban los traductores. Mi cara debió parecer un poema con una subordinada circunstancial. No sabes lo que te pierdes, le contesté. Después resultó parecer, al menos desde mi inocencia, un especialista en el XX. Me gusta conocer personas alegres y, sobre todo, agradables.

Pequeño David en Londres

Recuerdo que un día que caminaba sin compañía por Londres me topé con una reproducción del David de Miguel Ángel. Fue realmente una casualidad por que había aludido a este autor el día anterior en una alterada conversación acerca de la “ontología del arte”. El David original, y no la diminuta representación londinense, fue levantado, creo recordar, con mármol de Carrara. Esto significaba algo que ya no recuerdo. Miguel Ángel tardo sólo cinco años en realizarla. Desde el 1501 hasta el 1506. Presidía la plaza de la Signora. Se suele decir que en la concepción final de su escultura tuvo mucho que ver su estancia en Roma y sobre todo el estudio de las colecciones de los Médicis. En la obra el escultor reutilizó un bloque de mármol excesivamente plano. Este hecho condicionó el resultado final y le impidió darle más profundidad.

La escultura tiene unas dimensiones realmente grandiosas, lo que rompe con la imagen normal de David como un niño de pequeño tamaño. El trabajo de la anatomía y el desnudo transmiten la fuerza espiritual del personaje que tiene un gesto sereno pero a la vez profundo y dramático. Lo llaman terribilitá. Yo creo que esta realmente concentrado, a punto de entrar en acción. Sostiene, apretada, una piedra con su diestra. La figura, antes de lanzar su honda contra el gigante, se representa con unas extremidades poderosas pero en una composición cerrada con los brazos replegados hacia el tronco. Todo el cuerpo están en tensión y los detalles anatómicos están llenos de vida. La escultura fue concebida, en realidad, para convertirse en un monumento público. Las artes se integran en el Renacimiento dentro del mobiliario urbano, dentro del diseño urbano renacentista. Es una alegoría de la victoria del pueblo sobre la tiranía. Supongo que escribo esto porque su faz transmite una gran dosis de seguridad. Acertará en su lanzamiento. Para contrastar no hay más que ver el David de Donatello. Además, su colocación en la plaza de la Signora coincidió con un momentáneo exilio de los Médicis, cuando Florencia era gobernada por una república ciudadana. David, observador.

Discutere

Es grato descubrir que la gente, y más cuando son tus amigos, piensan y recapacitan sobre las cosas mucho más de lo que tú crees. Lo malo es cuando algunas, sólo unas pocas de sus apreciaciones sobre cosas discutiblemente concretas te resultan un tanto elitistas. Hace poco me ocurrió esto. Realmente me sorprendió. Sobre todo por que recuerdo esta persona fue con quien aprendí a escuchar, así en general. Con ella solía mantenerme en silencio, casi al margen de las reyertas, que casi siempre provocaba, y provoca ella misma; creo que es mejor que discutir, ya que cuando se discute no se dialoga, y cuando únicamente se parte de prejuicios y ya casi ni se escucha es imposible atender a razones. Creí que no, pero tengo amigos que son incluso capaces de hacerlo. En definitiva, no me gusta discutir (del lat. discutere), sobre todo cuando la gente empieza a repetir palabras y palabras negativas, siempre con vehemencia. Pero, en cambio, esta persona siempre me hace pensar, siempre me aporta algo, por muy pequeño que sea. "Quizás no haya nada más fácil que censurar al malhechor, ni nada más difícil que comprenderlo".

miércoles, 29 de julio de 2009

Blasco Ibañez y Valencia


Su casa. (Valencia, 1867- Menton, Francia, 1928). Fue el iniciador del republicanismo valenciano. Su amplia producción novelística se inscribe en el naturalismo y, sorprendentemente, también en el género histórico. Estudia derecho y se incorpora al Partido Republicano. Su dedicación política le llevó a fundar en el 1891 el periódico El pueblo. En el 1909 se traslada a Argentina, donde creó la colonia Cervantes y la Nueva Valencia, iniciativas apoyadas por el gobierno de aquel país y dedicadas a la explotación agrícola. Sin embargo resultaron un fracaso económico sus iniciativas. En 1914 se estableció en París, y en 1920 emprendió varios viajes por los Estados Unidos, donde se le nombró doctor honoris causa por la Universidad de Washington. Regresó a Valencia en 1921 pero no tardó en expatriarse de nuevo por su disconformidad con la dictadura de Primo de Rivera. En esta ocasión recaló en Niza. Sus primeras novelas, Arroz y tartana (1894) y La barraca (1898), reflejan un carácter regional valenciano, así como la vida en la huerta y en la albufera, temática que alcanza su máxima expresión en Cañas y barro de 1902, su novela más conocida y excelente testimonio de la vida rural valenciana de finales del siglo pasado. Otro de sus libros que cabe destacar es Los cuatro jinetes del Apocalipsis, que publicó en 1916 y le valió un rotundo éxito. De sus novelas de carácter social sobresalen La catedral y La horda donde denuncia la injusticia social. Sus novelas históricas no alcanzan la calidad literaria de las anteriores: Sangre y arena, Mare Nostrum, Los enemigos de la mujer, A los pies de Venus. Después de su muerte se publicará la novela “La araña muerta”. Fui a Valencia del 21 al 28 de Julio. Intenté leer una obra de las de la primera época: Entre naranjos. estaba un poco despistado y no me cautivó, aunque una noche estuve un rato en la terraza del ático con tendencias pseudoapeladasminimalistas, y leí una frase perfecta: para el amor se necesita audacia.. Habían transcurrido ya casi dos años desde que no leía nada de naturalismo. Y como es natural me aburrió.

Despedida

Siempre hay historias, objetos, detalles que no solemos olvidar y no tenemos muy claro el porqué. Una de estas historias o objetos podría ser mi viejo marca-páginas, todo un juez que suele indicarme con equidad en qué proporción debo tomar mis libros, que una tarde cualquiera de Julio del 2004 (creo) compré en Dublín, en una peculiar y chic tienda de objetos varios y de corte oriental. Nos habían echado (escribí este verbo con "h" inicial en un examen de latín en junio pero sigo vivo, tranquilos) a mí, a mi prima y a un par de amigos más, de la tienda por reírnos en voz alta, por ser extranjeros o turistas, y por tener quince años. Creo que lo que sí olvidé fueron las palabras exactas del dependiente. Nos indicaba muy amablemente que si no teníamos en mente adquirir ningún objeto o prenda nos dirigiésemos a la puerta. No hubo problema, nos fuimos. Dos minutos después yo volví, indignado, y compré lo primero que encontré al entrar: mi marca-páginas. Costaba diez Euros pero mereció la pena cuando el maleducado aquel me tuvo que decir “Thank you” con su cara más alegre y cordial. Casi un año después un profesor me cogió un libro por curiosidad del interior de mi mochila, Sinué el Egipcio, se fijó en mi preciado objeto y me dijo que era papiro, esa planta egipcia que yo había conocido de manera teórica semanas antes de manos de aquel curioso profesor. Ahora, son las 00:40 del 1 de julio de 2009 y mientras escucho Doce estudios de Chopin, Cuatro Baladas y su Gran Polonesa precedida de un Andante spianato, Opus 22, un amigo me ha llamado para decirme, con gran dosis de culpa, que no iba a salir. Detalle, este sí, que algún día espero olvidar.

lunes, 8 de junio de 2009

Ios y la historia de mi toalla amarilla

Como buen filólogo y humano que se precie me remito más a los documentos, a las pruebas que a mi memoria, reconstrucción o imaginación: escribimos un diario cuando hicimos el interrail. En Ios, la famosa isla griega, comenzó la tragedia de mi toalla. ¡Venga Sófocles, supera esto! :

Escribe mi prima Adriana. “Hoy me levanté bastante negra y ahora estamos en Koumbara beach. Óscar está achicharrándose al Sol y yo en un bar cercano tomándome una coke larga”. Mi prima se cansa de escribir y se dedica a leer “Cien años de soledad”. Más tarde tomo yo la libreta: “De hecho me estaba achicharrando en Koumbara Beach. Era una playa bonita, amplia, para ser griega, aunque no demasiado cómoda, pues los cantos rodados invadían sus orillas y sus poco profundas cercanías. Me bañé unas tres veces al lado de dos chicas creo que griegas que me pidieron un fuego que yo no tenía. Cuando me daba un chapuzón vino Adri a recogerme y tras un par de otos en un mirador volvimos a tomar un bus hasta el puerto de la isla. (1,20 menos) Yo me compré salchichón en la tienda y me hice un macrosandwich dejando únicamente tres rodajas para nuestras vecinas de tienda, las hormigas (estuvieron entretenidas un buen rato). Adri no quiso comer porque le aburren los bocadillos. Estuvimos en la tienda por el frío mientras yo leía en la tumbona. Nos duchamos y nos encontramos a las madrileñas y a una nueva chica llamada Sandra que resultó ser bastante maja. Cenamos los cinco juntos, aunque no todos nos nutrimos demasiado. Cogimos un bus hacia Hora, tras hablar sobre retrestes y posturas “necesarias” durante la cena. En Hora perdimos un componente de la expedición; la chica maja, Sandra se encontró con un chico con el que se había peleado y se fue con el mismo a solucionar sus diferencias. Lo pasamos realmente bien por las angostas callejuelas de la capital de Ios. Llegaron incluso a cantarnos una cancioncilla. Un italiano que había estado de Erasmus en La Coruña nos deleitó versionando el famoso: “Vigo no, Vigo no, Vigo no…”. Yo, en el nombre del Celtismo, tarareé el “Mucho Coruña…Mucho Riazor…” que todos reconoceréis. Charlamos intentamos bailar, tomamos algo, y ya tarde nos fuimos al camping descubriendo una calle que atajaba directamente hasta el puerto, evitando que tuviésemos que sortear curvas imposibles. Intercambiamos E-mails y dormimos. Una de las madrileñas era profesora de niños pequeños y la otra era decoradora de Cuatro. Adri y yo durante la noche le habíamos preguntado de todo sobre gente famosa. Lo que nos contó sobre Iñaki Gavbilondo fue una decepción. El treinta de julio del dosmilsiete se produjo la gran pérdida. Nos levantamos temprano porque el calor era inaguantable en la tienda. Desayunamos bien y fuimos a Milopotas. Adri dio un paseo por la playa y después se fue a tomar algo. Yo me achicharré en la playa, llegando incluso a quedarme dormido. Nos fuimos a comer temprano a un barecillo de la playa. Comimos pittas con patatas. a pesar de haber pedido expresamente mi pitta sin cebolla estaba invadida por ella. Comimos y charlamos con tranquilidad y a al hora de pagar el hombre, o bien se equivocó fortuitamente de mesa para cobrarnos más o lo hizo ex proffeso en lo que sería el cuarto intento de timo que evadimos. En ese restaurante abandoné mi toalla. Allí está mi último recuerdo de ella. Sobre el respaldo de la blanca silla. Mi toalla, del color del Sol, abandonada, quedó en manos de un griego sospechoso de tentativa de timo. A mitad del camino me di cuenta de todo. Era demasiado tarde para volver. Volvimos al puerto tras abandonar mi toalla en aquel bar. Snif Snif. Cogimos un bus para el puerto y leímos toda la tarde en la piscina. Sandra apareció y estuve charlando con ella un buen rato. Adri vino después porque estaba durmiendo en la tienda, creo que enfadada conmigo. Cenamos barato y Sandra, entre lágrimas, puesto que le había contado al detalle la historia de mi toalla amarilla, me prometió recuperarla. Pero no lo hizo, aunque en realidad no lo sabemos, porque no la he vuelto a ver desde entonces. Adri y yo fuimos a dar una vuelta a Hora. Nos dedicamos a buscar gente guapa o individuos que estuviesen mal vestidos: para meternos con ellos, con todos. Estuvo bien. Ios es precioso”.

Esta es la historia de mi toalla amarilla que llevaba conmigo desde los 6 o 7 años: secaba como ninguna: su color era especial: su textura dura e inapelable: estoy seguro de que sus letras blancas indicaban algo profundo, que por una confina razón que atañe al trauma que supuso su pérdida, no consigo conmemorar. Pero que nadie gimotee o solloce porque mi toalla amarilla tiene ya una nueva hermana. Gentileza de unos amigos ejemplares de la Facultad de Filología de Santiago de Compostela. A ellos les debo mi nueva toalla, aunque la nueva sea de baño y no de playa, amarilla. Me la regalaron por mi cumpleaños. Gran obsequio. Gracias Charlos, te la dejaré utilizar cuando vuelvas a mi sofá, o para que la emplees en sacar la pizza del horno. Gracias Suri, resplandeces casi tanto como mi toalla. Gracias Albuela que estabas en tu casa ourensana cuando me la dieron, honorando a tu nombre. Y gracias Raquel por intentar lo de la fiesta sorpresa, por no saber mentir, y por ser tan Flaca.

miércoles, 3 de junio de 2009

Prima non datur, ultima dispensatur

Hoy era la última clase con el profesor sencillo. Comenzó pronunciando el título de la entrada, para decirnos, únicamente, que no podría ser así. Siguió explicándonos que Vesper era un astro que trae la noche (vespertino). Diferenciamos entre inimicus y hostes (enemigo personal el primero y enemigo de guerra el segundo. Se enrolló un poco cuando nos intentaba explicar que la palabra fata (destino) viene de fors faris fari fatum: lo dicho, lo pronunciado. Tradujimos unos diez versos. Después habló con nosotros, sus tres alumnos. Nos advirtió de que seríamos los continuadores de las lenguas Clásicas, que de nosotros iba a depender que se siguiese estudiando latín: cosas así. Recordó, a proposito de los ministros, el célebere "más tecnología y menos latín". Eso ya lo había dicho Soler Ruíz, un ministro falangista nacido en Cordoba, en los sesenta, aunque con una variante: "menos latín y más deporte". Inde (desde aquí), como diría el profesor alegre y sencillo, trató de analizar y de prevenirnos sobre algunos de los defectos más importantes de la civilización occidental: lo material. Me gustó su critica a los viajes: se emplean para quedar bien delante de la gente, de los amigos. Normalmente la gente llega un punto en que se aburre en los viajes. Yo me aburro viajando. Además si viajas demasiado puedes llegar a caer en el escepticismo. Ya me lo decía una amiga: se confunde el turismo con la cultura. Yo lo compruebo cuando llega el verano: todos me preguntan por mis viajes, por qué voy a hacer. Me dibujan una sonrisa graciosa los momentos en los que digo a alguien que hice el interrail; se me queda mirando. "Ése es mi sueño", "qué bonito" dice, admirado. En cambio muy poca gente me pregunta qué tal, cómo lo hicimos, por dónde, dónde dormimos, a qué precio, qué vimos... Concluye el profesor su intervención afirmando que los ministros, los contrarios al latín, son pasajeros, y que, en cambio, el latín estará presente per saecula saeculorum, al igual que la lógica, aunque si lo pensamos bien el pensamiento lógico está siendo invadido por la tecnología, por las máquinas. Yo creo que lo noto en mis primos pequeños. Para saber usar una máquina no se necesita saber pensar. Todo se reduce a Gregarios y de Egregios: gregario es el que sigue al rebaño, egregio es el que sale del rebaño. Parece que lo que buscan los ministros al "invertir" es que piensen las máquinas. ¿Por qué será? El profesor sencillo habló finalmente del tiempo cuando al salir de clase observó un paraguas y dijo: ¿quen é o pesimista que trouxo isto?