







Me gustan los juegos de sombras con la puerta y el cristal antes de la reyerta (tercer tópico), en la que Mónica está realmente guapa. Para mí, la mejor escena de la película, es incluso romántica, es en la que le enseña a bailar en el embarcadero. Un diálogo:
-“¿Sabes Mónica? Siempre he estado muy solo. Mi madre murió y mi padre se volvió taciturno.
- Yo, en cambio, no sé qué es la soledad: siempre éramos tantos en casa..."
Me doy cuenta de que Mónica es un poco egoísta, mal crónico de algunas mujeres cuando no están enamoradas. Se acuesta con otro porque éste no puede comprarle un abrigo. Es una cualquiera que incluso, con la intención de herir dice de su amante: “él sí que es un hombre”. Por su comentario recibe golpes: él le pega. No querría ser misógino pero ¿qué esperaba? Se separan. Él se queda con la niña.


En 1960 Raoul Coutard filma para Truffaut Disparen al Pianista. Lo hace al estilo de las viejas películas de gangsters americanas, ésas que tanto me gustan. Es sorprendente la escasa y pobre iluminación. Si no se tratase de una imitación intencionada el comienzo de la película hubiese sido realmente diferente. En el caso del film americano, hubiera estado todo oscuro y un hombre saldría a todo correr tras haber robado a alguien, cosa que ocurre en Disparen al pianista. En cambio, en el cine negro americano se nos daría alguna pista visual de lo ocurrido, observaríamos una corbata, unos zapatos iluminados momentáneamente por los faros de un coche o veríamos el brillo de las joyas de la mujer, su sobrero, o su rostro blanco e inexpresivo. Coutard, lacónico, no nos da ninguna pista. Su película comienza completamente a oscuras. Sabemos que alguien es perseguido por otro porque oímos pasos que corren y sabemos que ha habido violencia por sus gritos. Visualmente, no tenemos nada. Impacta este comienzo. Misteriosamente se enfoca una farola, lo que podría recordar a un film americano, pero, para desgracia del espectador despierto, nadie pasa por debajo. Tenemos que esperar hasta que aparezca el cabaret para reconocer a Eddie Saroyan y a todos los demás seres que habitan la noche turbia de Disparad al pianista. La película tiene como pilar un relato de un escritor tan desconocido como adorado por Truffaut: David Goodis. Charles Aznavour, un melancólico de mirada gacha, fue escogido por el director como protagonista debido a la gran impresión que le dio en un film de George Franju. Además de tramas de gansters la película trata las relaciones de pareja con una frescura palpable.


interpreta muy bien a un, espero que inexpresivo en el también en el guión, Frank Jessup, un enfermero y conductor de ambulancias que por motivos de trabajo llega hasta una mansión para atender a la señora Tremayne una millonaria casado con un viudo escritor y la madrastra de la femme fatale de la película. Esta es Jean Simmons, que se parece, pero no es, la gran Audrey Hepburn. Sin duda lo mejor del film es que Preminger se recrea sin altibajos en la trama retorcida y directa, con brillantes, cínicos y ambiguos diálogos (el mejor ejemplo el primer encuentro en el bar). Final magistral. Por último Camino a la perdición,
el eterno galán David Niven y Deborah Kerr son los principales actores. Merecería ver la película simplemente para conocer un poco las aficiones de los habitantes de la Riviere Francesa. Está dirigida por Otto Preminger y tiene como pilar esencial una novela de Françoise Sagan. El film es en blanco y negro, aunque los continuos hysteron-proteron se ruedan a color. La mejor interpretación, sin duda la de Jean Seberg. Prueba de ello podría ser que el, por aquel entonces (1959), crítico de cine Jean-Luc Godard quedó ensimismado con la actuación de Jean Seberg hasta tal punto que no dudo en convertirla en protagonista principal de su célebre Al final de la escapada. Después de Seberg, como de costumbre, lo mejor son los diálogos. Mediante los mismos (sobre todo por la manera en cómo Cécile llama y nombra a su padre , con un simple "Raymond"), y gracias a alguna que otra ansiosa y llena de rabia mirada perdida
podemos vislumbrar un infámico y anacrónico complejo de Edipo, del cual yo todavía no he podido ver mejor retrato que este en el cine. Quizás le gustase a Freud, quien dice a propósito del tema:"Así, por ejemplo, hace tiempo hemos advertido que muchas mujeres eligan a su marido de acuerdo con el modelo del padre o lo colocan en lugar de éste; pero en el matrimonio repiten con ese marido su mala relacion con la madre. Esto se comprende facilmente como un caso obvio de regresión. La relación materna fue la más primitiva; sobre ella se estructuró la relación con el padre, y ahora en el matrimonio lo primitivo vuelve a emerger de la represión. En efecto , la transferencia de lo lazos afectivos del objeto materno hacia el paterno constituyó el contenido esencial del desarrollo que condujo a la feminidad."Un buen resumen de la trama de esta película se condensa en un refán latino cuyo inicio todos conocemos:
HOMO HOMINI LUPUS: MULIER MULIERE LUPISSIMA
erte del abogado Vilette (Legare), Keller lo asesina y poco después confiesa su crimen al sacerdote Michael Logan (el gran Clift). Esta vez lo mejor de la película no es, para mí, Hitchcock, sino su mano hiladora, que conduce en todo momento a Clift. Si la película decae en intriga y suspense en su parte final, pues se puede apreciar con claridad que una vez que Logan se dirige a la comisaría tiene el propósito de seguir adelante con sus principios y no revelar, de ninguna forma, el bien-guardado secreto de confesión de Keller, no lo hace, en cambio, su personaje, que en todo momento se muestra espléndido y entero. Algo que no me satisfizo del todo fue el constante y disparatado uso del flashback, que en otros films suele racionar con mucho atino el señor Hitchcock. El final pudo resolverse de otro modo: resulta extraña la reacción del matrimonio Keller... A pesar de estas erratas la película nos deja escenas grandiosas, como alguna que otra llamada ilegítima de teléfono,
o cierto desayuno en el día siguiente al crimen. Por cierto, si os suena la cara de la actriz no os preocupéis: quiere decir que la abéis visto en una obra en la que intervino en 1950, en su película más recordada, la obra maestra dirigida por Joseph L. Mankiewicz Eva al desnudo. Con respecto a Clift no hay nada que decir. Está incluso mejor que en De aquí a la eternidad.
De Gran Torino sólo un pequeño detalle: el doblaje de los macarrillas pandilleros es realmente deplorable. Y lo mejor, aunque toda la película es entrañable, lo encuentro en ringcomposition, en su inesperados momentos graciosos, y, por su puesto en su enternecedor final, en el que digamos que Clint Easwood monta un verdadero "cristo", que ha aprendido de su gran amigo Charlton Heston en The Omega Man, pero que sabe emplear sin rudeza, sin fuentes extrañas, y repleto de buena intención.

"(...) esos defectos (...) tendríamos que atribuirlos mayormente a ciertas características y hábitos a los cuales era proclive la industria de Hollywood en aquella época, más a la película en sí considerada como obra individual. Entre ellos podríamos hacer mención, quizá, a un cierto estatismo producido por el peso excesivo de los diálogos en detrimento de la parte visual y de la acción."A quien ha escrito esto le recomiendo vivamente Wall-E. En fin, caso omiso: enamorémonos también nosotros con el cuadro de la pared.


"Preminger consigue realizar un drama cargado de personajes complejos, interpretados por actores que se mueven a sus anchas gracias al uso de largos planos; y al dominio del scope. Pocos directores han sacado tanto provecho al formato panorámico como Preminger. Así en el arranque, el enorme coche de Warren circula por las calles de la ciudad sureña, llenando la pantalla a su paso, símbolo del dominio que ostenta. Una escena quizás influenciada por el cine de Jacques Demy, concretamente por el comienzo de Lola (1961)".
película se quedan muchos cabos sin atar y esto no es fortuíto... Me sorprendió mucho lo de las pastillas de Sebastian y no entiendo por qué los jovenes lo seguían con tanto ahínco. ¿Droga quizás? Vista esta pelicula cabe preguntarse por la supuesta originalidad de las progres películas de final abierto: con ellas muchas veces se pretende evitar un final moral, aunque sin saberlo ni pretenderlo siguen siendo aleccionadoras, pero de otra forma. Me gustó. Salí del tren ya sin los cascos del ordenador y pude escuchar lo que decía el sabio micrófono de Renfe: POR FAVOR SE RUEGA A LOS ACOMPAÑANTES DE LOS PASAJEROS QUE NO SUBAN AL TREN. Estabamos tre o cuatro por allí que no pudimos evitar reirnos.
Dicen que este genio revolucionario del cine era un mentiroso. Recordemos que él se había hecho de una mentira capital: la invasión extraterrestre que narró por la radio. Había llegado a Hollywood como un niño prodigio, y Hollywood, en cambio, nunca lo entendió. Lo primero que rodó fue en Brasil: casi 120.000 metros de película. Será con El extraño con quien consiga cierto status. A esta película llega Welles tras su extraño exito y Rita recién convertida en la reina de Columbia por haber rodado Gilda. Se barajaron varios títulos para esta película: el original de William Castle If I die before I wake, el posterior Black Irish, Take this woman o The girl from Shanghai. Es sorprendente que los protagonistas estuviesen en plena separación matrimonial cuando realizan la película. Quizás Rita buscaba recuperar su amor. Ya dentro del argumento, Welles salva en el Central Park a Rosaline de una violación (que la censura se encargará de convertir en un pío atraco). Ella como recompensa, y porque el chico le gustó (también el personaje de Rita busca el amor dentro de la película), le ofrecerá un empleo como marinero en el barco de su marido,
un acaudalado y célebre abogado criminalística: Arthur Bannister (el actor se llama Everett Sloane: es bajito, pero vaya mirada). Con todo, la filmación de Lady from Shanghai no reconcilió a la pareja: les llevó al divorcio. Todos, al ver la película supongo que pensamos que el final, soberbio, por cierto, en el que Elsa es abandonada por Michael mientras se desangra en el suelo, era un desquite del director por aquellos años de matrimonio.
me gustó porque enlaza dos temas que conozco: el amor y la música. Esto no pasaba en la novela de Stefan Zweig: el personaje de Stefan (pianista) era un escritor, pero debido a la devoción de Max Ophüls, el director, por la música lo convirtió en pianista. Para un semimúsico siempre es entrañable ver como se va formando el mito del músico mujeriego.
Aunque no era, evidentemente, el actor Louis Jourdan, (protagonista con Hichcock de El proceso Paradine), quien tocaba, sino un pianista llamadao José Iturbi, pudimos escuchar mi querido Estudio en Re Mayor de Franz Liszt, La flauta Mágica de Mozart y Tanhäuser de cierto amigo de Nieztsche. Pero Louis Jourdan no es la figura principal de la película:, aunque sí el actor más agraciado (no vamos a andarnos con ambigüedades).
El filme nace como una vía para impulsar la carrera artística de Joan Fontaine, hermana menor de Olivia de Havillan. En EEUU la película, demasiado íntima quizás para los descendientes del lejano oeste, tuvo una fría acogida y una vida muy corta den las salas. Pero la recepción en Europa fue desmedida: desde ese momento se convirtio el film "de Opuls" en un clásico de la televisión norteamericana. Seguro que la ponen en navidad. La misma novela de Stephan weig fue adaptada por Julio Alejandro en 1955 y dirigidaa por Tulio Demicheli: su título era Feliz año, amor mío.
La Critica dice:
a) G.Cin. (Bianco e nero, abril de 1949): "La figura doliente de Lisa permanecerá entre las más creíbles ofrecidas por el cine de los últimos tiempos".
b) Louis Marcorelles (Cahiers du Cinéma, Num 81): "El arte de Ophüls, según una óptica muy femenina, consiste en poner en evidencia el peso del instante, el deseo de la mujer enamorada que carga cada minuto de amor de una intensidad apasionada. Soñadora, tierna, sino por y para el amor en esa Viena imperial donde todo parece decorado".
c)Bosley Crowther (The New York Times, 29 de abril de 1948): "Si usted busca sensibilidad y emoción coherente eun una película, cuidado con esta Carta demasiado escrita. Le ahogará con su retórica y su tontería".
Recordemos el gran diálogo:
J: "Hay cosas como el honor y la decencia"
L: "Me lo he repetido cien veces hoy"
J: "Hablas como si no estuviera en tus manos. No es así, Lisa. Tienes voluntad. Puedes hacer lo más correcto o puedes destrozar tu vida".
L: "No tengo más voluntad que la suya".
Tiene algo de Hitchcock que no combina mal con ese lento expresionismo con planos tan cercanos que caracteriza a los alemanes. El director nos manipula con vileza, presentándonos de manera velada, desde un principio, a los puros culpables y a un complice divino. Una gran película. La verdad no es de extrañar que haya conseguido tantos premios y tan buenas críticas. El Cura, para mí, el mejor en su papel. Todo son alabanzas, en especial me gustó mucho la música. Sólo un pero, por mi parte, el frío protagonista.
Nunca había pensado en Sherlock Holmes como un ser tan vanidoso, drogadicto, y presuntuoso a la vez. Además, falla en la resolución del caso: o mejor dicho, lo ayudan en ella. Se trata de una película en la que una espía alemana casi consigue vencer al ínclito inglés y a todo el servicio secreto británico.
El gracioso Watson es, sin duda, el alter ego del sentido del humor del director. La película no consiguió, por lo menos en mi caso, conseguir mantenerme suspendido en todo el transcurso, en ocasiones incluso me aburrió un poco, pero me pasa siempre que Wilder no ejerce de estricto comedista. A pesar de este último punto es una buena película que cuida los detalles y en la que el argumento se desarrolla paso por paso, con mucho sentido del ritmo de la argumentación.