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miércoles, 16 de febrero de 2011

Mi piano


Hace poco uno de mis compañeros de piso me preguntó si todavía tocaba el piano (él también lo hacía). Me cogió desprevenido y contesté con un tajante: "el piano se ha convertido en el adorno más caro de mi casa". Me sentí un poco mal, y buscando redimirme, intentaré tocar en las próximas dos estaciones, el tercer movimiento de la Apassionata, Piano Sonata No. 23 in F minor, Op. 57.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Strange Fruit


Strange fruit


Southern trees bear strange fruit,

Blood on the leaves and blood at the root,

Black bodies swinging in the southern breeze,

Strange fruit hanging from the poplar trees.

Pastoral scene of the gallant south,

The bulging eyes and the twisted mouth,

Scent of magnolias,

sweet and fresh,

Then the sudden smell of burning flesh.

Here is fruit for the crows to pluck,

For the rain to gather, for the wind to suck,

For the sun to rot,for the trees to drop,

Here is a strange and bitter crop.


Árboles sureños cargan una extraña fruta

Sangre en las hojas y sangre en la raíz.

Cuerpos negros se balancean en la brisa sureña.

Escena pastoral del galante Sur

Los ojos saltones y la boca torcida

Perfume de magnolias

dulce y fresco

Luego un repentino olor a carne quemada

Aquí está la fruta para que los cuervos arranquen

Para que la lluvia la recoja, para que el viento la chupe.

Para que el sol la pudra.

Para que el árbol la tire.

Aquí, una extraña y amarga cosecha.


Abel Meeropol, profesor de escuela, se inspira en una foto de un linchamiento en la que aparece un joven negro colgado de un árbol. Todo ocurrió el 7 de Agosto de 1930 en Indiana, sur de los Estados Unidos. Tres hombres negros habían sido acusados de asesinato y violación y la justicia corrió a cargo de lo que los americanos llaman “mob”: una multitud, una turba, en la que estaban mezclados miembros del ku kux klan con la policía. Dos de ellos fueron mutilados y asesinados. El tercero, de tan solo 16 años, y al que los otros dos muchachos de 19 le habían puesto el arma en las manos, había intentado atracar a un hombre que estaba en un coche con su esposa. Ocurrió que lo conocía, le entregó la pistola a sus compinches y se fue corriendo. Cameron, así se llamaba, declaró años más tarde que sólo tenían la intención de atracar. A él también lo arrestraron y le pusieron un lazo en el cuello, pero una desconocida voz de mujer dijo: “take this boy back. He doesn’t have anything to do with any shooting or raping”. Misterioso.

Y canta la "voz dramática", Billie Holiday:


martes, 20 de abril de 2010

Waiting for the Miracle...

Leonard Cohen, preciosa la letra, aunque la preferiría con menos acompañamiento.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Carta de una desconocida

Las últimas dos películas que he visto son de 1948.¡Qué curioso! En ambas se demuestra que el cine y la poesía pueden llevarse bien fuera de francia. Carta de una desconocida

me gustó porque enlaza dos temas que conozco: el amor y la música. Esto no pasaba en la novela de Stefan Zweig: el personaje de Stefan (pianista) era un escritor, pero debido a la devoción de Max Ophüls, el director, por la música lo convirtió en pianista. Para un semimúsico siempre es entrañable ver como se va formando el mito del músico mujeriego.

Aunque no era, evidentemente, el actor Louis Jourdan, (protagonista con Hichcock de El proceso Paradine), quien tocaba, sino un pianista llamadao José Iturbi, pudimos escuchar mi querido Estudio en Re Mayor de Franz Liszt, La flauta Mágica de Mozart y Tanhäuser de cierto amigo de Nieztsche. Pero Louis Jourdan no es la figura principal de la película:, aunque sí el actor más agraciado (no vamos a andarnos con ambigüedades).

El filme nace como una vía para impulsar la carrera artística de Joan Fontaine, hermana menor de Olivia de Havillan. En EEUU la película, demasiado íntima quizás para los descendientes del lejano oeste, tuvo una fría acogida y una vida muy corta den las salas. Pero la recepción en Europa fue desmedida: desde ese momento se convirtio el film "de Opuls" en un clásico de la televisión norteamericana. Seguro que la ponen en navidad. La misma novela de Stephan weig fue adaptada por Julio Alejandro en 1955 y dirigidaa por Tulio Demicheli: su título era Feliz año, amor mío.


La Critica dice:


a) G.Cin. (Bianco e nero, abril de 1949): "La figura doliente de Lisa permanecerá entre las más creíbles ofrecidas por el cine de los últimos tiempos".

b) Louis Marcorelles (Cahiers du Cinéma, Num 81): "El arte de Ophüls, según una óptica muy femenina, consiste en poner en evidencia el peso del instante, el deseo de la mujer enamorada que carga cada minuto de amor de una intensidad apasionada. Soñadora, tierna, sino por y para el amor en esa Viena imperial donde todo parece decorado".

c)Bosley Crowther (The New York Times, 29 de abril de 1948): "Si usted busca sensibilidad y emoción coherente eun una película, cuidado con esta Carta demasiado escrita. Le ahogará con su retórica y su tontería".


Recordemos el gran diálogo:

J: "Hay cosas como el honor y la decencia"

L: "Me lo he repetido cien veces hoy"

J: "Hablas como si no estuviera en tus manos. No es así, Lisa. Tienes voluntad. Puedes hacer lo más correcto o puedes destrozar tu vida".

L: "No tengo más voluntad que la suya".


jueves, 22 de octubre de 2009

Bruckner: conservando recuerdos.

La Viena del XIX estaba polarizada entre los partidarios del estilo musical deWagner y los que preferían la música de Johannes Brahms. Bruckner dedica, ingenuo, a Wagner su Tercera Sinfonía, y se ubicó, sin desearlo, junto a Wagner. Hanslick, líder de la opinión culta, de Brahms, escogió a Bruckner como punto de mira para desatar su furor antiwagneriano...




Nació el 4 de septiembre de 1824 y murió el 11 de octubre de 1896. La mayor parte de su vida la pasó en Austria, en un pueblo que dificilmente podemos encontrar en un mapa. Bruckner, al igual que su padre, comenzó trabajando de maestro de escuela. En el Austria de aquel tiempo, entraba dentro de las atribuciones de los maestros de enseñanza primaria la enseñanza de la música religiosa. El joven Bruckner recibió de su padre sus primeras lecciones de música. Después de la muerte de este último, Anton Bruckner entró como cantor en el monasterio de San Froilán, cerca de Linz, donde le enseñaron órgano, piano y violín. En 1840 comienza en Linz los estudios de maestro adjunto, pero sin abandonar sus estudios de órgano y teoría. De 1843 a 1845 fue maestro en distintas aldeas; más tarde, desempeñó estas mismas funciones en San Froilán. Tres años después, ocupó en este monasterio el puesto de maestro y organista, teniendo a su disposición diariamente diez horas para estudiar el piano y tres para el estudio del órgano. Brucner, todavía no tenía conciencia de su verdadera vocación, ya que en 1853 presentó su candidatura para poder desempeñar el cargo de escribiente de la cancillería. Un año más tarde se sometió al juicio como de tres compositores vieneses de renombre, entre los cuales figuraba el profesor de teoría musical del Conservatorio, Simon Sechter. Ésta no sería la última vez que se sometería a un examen para conseguir un diploma. En esta ocasión, sin embargo, el nuevo certificado llegó en el momento más oportuno, pues gracias a él, Bruckner podía optar a la plaza de organista de la catedral de Linz, que acababa de quedar vacante y que obtuvo por su brillante interpretación. El primer mecenas de Bruckner, fue el obispo Rudigier, quien, adivinando plenamente el valor de Bruckner, le proporcionó la ocasión de ir a Viena de vez en cuando para que pudiera seguir allí los cursos que daba Scheter.

En Linz, el horizonte musical de Bruckner se ensanchó: por primera vez pudo escuchar sinfonías y óperas. A lo largo de siete años estudió bajo la dirección de Sechter, recibiendo cinco certificados con una alegría infantil al cabo de este período de estudios. En 1861, Sechter llamó a su extraño discípulo: “un maestro en la materia”. Pero el complejo de inferioridad que tenía Bruckner no había desaparecido: todavía sería necesario un nuevo examen que fijara sobre el papel su capacidad y corriera con la responsabilidad de dicha certificación. En este momento, Bruckner conoció al director de orquesta de la Ópera, Otto Kitzler, ardiente admirador de Wagner, quien le inició en la morfología musical (Sechter se había limitado al contrapunto), en las Sonatas de Beethoven, y en el Tannhäuser. Esta ópera fue una revelación para Bruckner, marcando además el momento en que abordó sus primeras grandes composiciones: “Misa” y la “Primera Sinfonía” (1864-1866). En esta época encuentra a Wagner por primera vez, con ocasión del estreno del “Tristán”. El momento era crítico: una enfermedad nerviosa se había declarado repentinamente con crisis de melancolía e ideas de suicidio. Acababa de atravesar victoriosamente aquellas pruebas, cuando fue nombrado profesor del Conservatorio de Viena en sustitución de su viejo maestro Sechter. Antes de aceptar, dudó mucho tiempo, hasta que se le dijo que si rehusaba, se nombraría a un alemán. Bruckner no quería quemar sus naves: durante dos años le sería reservado su puesto de organista en la catedral de Linz. En Viena, el Estado le pagaría, además de su sueldo, un subsidio que le permitiría “escribir grandes composiciones sinfónicas”. Después de todas estas seguridades aceptó. Al cabo, Bruckner pudo pagarse un viaje a Bayreuth, donde mostró a Wagner sus Tres Sinfonías, aceptando este último la dedicatoria de la Tercera.



Aunque muy apreciado por sus discípulos (Nikisch, Mahler y otros más), la gran ingenuidad de Bruckner provocó en una ocasión un pequeño escándalo: sin la mejor segunda intención, se dirigió cierto día a uno de sus discípulos con una frase equívoca: inmediatamente, se desmesuró de tal manera esta imprudencia, que el hecho tomó caracteres de atentado contra la moralidad y las buenas costumbres. A pesar de que se demostró que el compositor, del cual se afirma: Nuncuam mulierem attigit, era sin duda inocente, los periódicos convirtieron este incidente en un acontecimiento sensacional. A partir de 1869, el organista Bruckner frecuentó con regularidad el extranjero (Nancy, París, Londres). Pero los éxitos obtenidos en el exterior no convencieron a los vieneses. Con motivo de la ejecución de la “Tercera Sinfonía”(1877), la sala, llena al principio, fue vaciándose poco a poco, no quedando al final más que unos diez oyentes. En nombre de sus condiscípulos, uno de los alumnos de Bruckner quiso ofrecerle una corona, pero el secretario de los Gesellschaftskonzerte se opuso terminantemente a ello. No obstante, Bruckner tuvo un consuelo: el editor Rättig le esperaba en un pasillo con el fin de prometerle la impresión de esta “Sinfonía”. Su primer gran éxito en Viena fue la ejecución de su Te Deum (1886). Aquel mismo año obtuvo la Orden de Francisco José. Fue recibido en la Corte por el Emperador, quien le preguntó: “¿Qué puedo hacer por usted, mi querido Bruckner?”, a lo cual Bruckner, con su ingenuidad, respondió: “¿No podría vuestra Majestad prohibir a Hanslick, de la Freie Presse, el menospreciarme como tiene por costumbre?”. A pesar de la buena impresión que produjo en Leipzig la “Séptima Sinfonía”, su estreno en Viena fue un escándalo. Hanslick le injurió, tratando la composición de “boa constrictor sinfónica” y calificándola de “Terrible pesadilla de un músico de orquesta rendido por veinte ensayos de Tristán”. El editor de esta “Sinfonía” hizo circular un anuncio que mostraba, al lado de las críticas destructivas de Viena, las críticas encomiásticas de Alemania. También Brahms (v. Biografía) juzgó injustamente a Bruckner. La situación cambió en Viena, en el año 1880, con motivo de la ejecución de la “Tercera Sinfonía”. Hugo Wolf, con sus artículos en el Wiener Salonblatt, contribuyó a la rehabilitación de Bruckner. Un año después, recibió el título de Doctor honoris causa de la Universidad de Viena, y el Emperador Francisco José le hizo cesión de una casa. En 1892 dimitió como profesor del Conservatorio; desde hacía mucho tiempo padecía de los nervios; entre otras manías tenía la de querer contarlo todo, las hojas de un árbol, los puntos de un libro, etcétera. Bruckner consagró los dos últimos años de su vida al final de su “Novena Sinfonía”, pero no pudo hallar las fuerzas suficientes para terminarla. La misma mañana de su muerte se ocupaba en esta tarea. Según su deseo, fue inhumado en un féretro vacío de la cripta de San Florián.


lunes, 19 de octubre de 2009

Recomiendo

Hoy recomiendo cosas:
Primero, que todo universitario (o cualquier persona, no hay que ser elitistas) lea esto, del blog Árbol de Sangre.
Segundo, que todo pianista sepa tocar, y si puede, cantar, esta canción de REM. Nightswimming.

viernes, 28 de agosto de 2009

Teclados y palabras


Cuando se me ocurre este título para la entrada no puedo dejar de recordar una melodía de una Romanza o Canción sin palabras, de Mendelssohn, uno de los compositores más notables del romanticismo, de formación sólida y rigurosa, además de excelente pianista. Cuando escribo “formación sólida y rigurosa” a mí me llega una imagen: la cara de un profesor que tuve en 2º o 3º de Grado Medio. Era alto, moreno, con el pelo muy corto: atractivo, decían mis compañeras de Lenguaje Musical. Se llamaba Gonzalo. Era temido por todo el Conservatorio debido a su dureza con los alumnos y a su mano de hierro a la hora de calificar. Legó a decirme una tarde que no había preparado con demasiado ahínco unos pentagramas de una sonata de Beethoven: Óscar, si ves que te cuesta mucho compaginar las cosas y que no te gusta demasiado estudiar piano, si es demasiado para ti, ¿por qué no te planteas dejarlo? Yo, un muchacho tímido, pero conocedor del arte de la ironía, y más o menos de lo que era capaz, en un acto reflejo que iba a contrastar mucho, quizás demasiado, con la dureza y seriedad de aquel joven profesor, me eché a reír. Gonzalo no pudo evitarlo, sabía que lo que acababa de insinuar estaba fuera de lugar y que solamente era una estrategia para intentar fomentar el estudio de un par de pentagramas más para la semana siguiente; me puso su mano en mi espalda, gesto de camaradería, de cercanía entre profesor y alumno, y forzosamente nos reímos ambos. Fue gracioso; era humano. Recuerdo incluso con cariño su empeño y tesón. Aprendí mucho con él. El planteamiento de sus clases era interesante: desmenuzábamos las obras frase por frase hasta que próximos al final de la hora que teníamos, interpretábamos, normalmente yo, las piezas enteras (todo lo estudiado). El piano inculca disciplina. Yo haría obligatorio su estudio, como una nueva “mili”. Una de las cosas que siempre admiré de Gonzalo fue que nos obligó absolutamente a todos sus alumnos a leer en las navidades del año en el que tuvimos clase con él tres libros sobre el piano y su arte. Ayer los encontré y volví a ojearlos. Contenían todos los defectos, y el modo de evitarlos, que los profesores estuvieron más de diez años intentando eliminar. Los leí pero sin entenderlos del todo. Tendría 13 años. Un problema, un tanto grave, que yo tenía (ya no) era la tarea de memorizar todas las composiciones y mantenerlas en un alto grado de perfección interpretativa. En uno de los libros, Claves del teclado, Andor Foldes 1982, se dice:

La memoria musical puede ser netamente auditiva: es decir, una memoria que recuerda, ante todo, los sonidos mismos- tono, altura, timbre. Puede ser visual: la persona recuerda que cierta pieza comienza en la página de la izquierda, o que hay que dar vuelta la página al llegar a un determinado compás que contiene ciertas notas. O puede estar compuesta de reacciones mecánicas, musculares y nerviosas. La última- la llamada “memoria digital”- es la clase de memoria que nos permite recordar los movimientos que requiere la ejecución de una pieza determinada, o la digitación de un pasaje difícil quizá mucho tiempo después de haber olvidado todo lo demás conectado con él.- La memoria se vuelve muy pronto un hábito, una grabación físico-mental automática. Algunos de nosotros quizás tengamos magníficas memorias mecánicas, si bien nuestros sentidos auditivo y visual no funcionen tan perfectamente. Por otra parte, podemos, pertenecer en primer lugar al tipo visual, pero al mismo tiempo poseer una tendencia hacia lo auditivo o mecánico. Las condiciones más propicias se presentan, por supuesto, cuando se posee los tres tipos de memoria en forma pareja, quizás con un porcentaje algo mayor del más importante de ellos, el tipo auditivo”.


Decía algo más que ya me sorprendió con trece años (estaba subrayado con bolígrafo):
Las notas forman parte de un lenguaje, un lenguaje musical que debemos aprender tal como aprendemos el francés o el latín en el colegio. Es posible que sólo con el fin de recitarla una vez ante el maestro en una ocasión especial, pero no permanecerá en nuestras mentes a menos que sepamos su significado. Lo mismo ocurre en música; debemos saber qué es una sonata, una fuga, o un estudio, antes de memorizarlos.


Otro de los libros La moderna ejecución pianística escrito por el fundador del Conservatorio de Hannover, Karl Leimer en 1930. Todo el son ejemplos y clases teóricas sobre esos ejemplos. Contiene también valiosos consejos e ideas como la siguiente sobre un temor que algunos jóvenes músicos albergan, de este yo me desmarco un poco. Nunca, hasta ahora, me he sentido demasiado nervioso o impaciente por el público o a la presión. Escaso sentido del ridículo:

La mayoría de los profesores hacen estudiar las obras a sus alumnos sólo a medias. Contrariamente a ese criterio puedo afirmar lo que sigue, en base a mi experiencia y comprobación de años: Los mayores progresos, tanto en el sentido técnico como en el musical habrían comenzado precisamente a partir del momento en el que la mayoría de los maestros hacen suspender al alumno el estudio de una pieza para iniciar el de otra, a pesar de que en la anterior había todavía mucho que aprender, y quizás lo más importante. Los maestros cambian la pieza porque creen que de otra manera el interés del alumno decae. Pero precisamente el sutil trabajo de perfeccionamiento de todas las partes de una obra es lo que proporciona las mayores ventajas y el mayor provecho, y asegura a la vez los mejores progresos. Cuando la mayoría piensa que han terminado con una pieza, comienza recién el importantísimo trabajo de entrenamiento del oído y con ello el momento en que el alumno bien dotado musicalmente llega a interesarse al máximo en el estudio, debido al trabajo de perfeccionamiento de los detalles. Sólo entonces alcanza a concebir las ilimitadas posibilidades de mejoramiento y de progreso. Empieza a vivir la composición al penetrar todas sus finezas, que, como lo he comprobado, despiertan en él una gran alegría y placer en la práctica de la música, y cuya observancia le otorga una casi absoluta seguridad en la ejecución, de modo que a menudo llega a perder totalmente la sensación de temor ante el público.

Al leer sobre conciertos y sobre público recuerdo también el concierto de fin de curso con éste exigente profesor. Quería que ninguno de nosotros estuviese entre el público durante el transcurso del concierto y nos recluyó a todos en un aula contigua a la sala de conciertos. Ese día uno de los concertistas nos recomendó al resto que para liberar tensión justo antes de tocar, hiciésemos un par de flexiones. Aquello era un tanto ridículo (supongo que Gonzalo no estaba al tanto). Una chica, Laura, se llamaba, estaba demasiado nerviosa, recuerdo todavía su pálida tez. Le temblaban hasta las orejas. No quería tocar (y eso que lo hacía muy bien), iba casi obligada. Yo iba antes que ella y pude, por lo tanto, contemplar su actuación. Se levantó en mitad de su actuación por sus reiterados fallos (recuerdo que había muchas escalas ascendentes que llegaban casi al cielo en su obra) y porque su mente estaba tan pálida como su cara esa noche. Gonzalo, inmune a todo, permaneció sentado en su silla, golpeado por todas las miradas de la sala. Cuando se cerró la sala de audiciones nos felicitó a todos comentándonos algunos errores, de paso, y alguien le informó de que Laura estaba encerrada en el baño llorando. Sus palabras fueron: “que llore, que llore, que le viene bien”. Me gustaba mucho aquel profesor, no por sus palabras para con la chica, sino por sus ideas, por su cinismo, por su cultura, su ironía, e incluso, en ocasiones, sentido del humor. Por cierto, todo esto lo escribo porque acabo de encontrar una hoja llena de libros que él me recomendó que leyese. La había olvidado completamente, pero la mayoría ya los leí. También hay algunas películas.

Empiezo la casa por el tejado, hago las entradas del revés.

martes, 18 de agosto de 2009

La voz del subsuelo.


Ayer, trece de agosto, fui con una tal Eos a Castrelos. Actuaba Leonard Cohen. Debo confesar que no lo conocía de primera mano. Conocía un par de versiones de sus canciones. Entre otras el ilustre, y mil veces adorado por mi, Aleluya. Mi acompañante me llenó con infomación del artista durante más de una semana y ya lo conocía como si fuese, Queen, Mozart o Jackson. Sin haberlas escuchado nunca, me gustaron mucho sus canciones. Su voz dura, ronca y grave contrastaba con la tranquila música, capaz de relajar a cualquiera. Creo que me dijo que fue Sabina el creador del título de la entrada.

miércoles, 29 de julio de 2009

Una conversación con Tetro, un rebelde, en el Cotton Club


Este verano no hago más que ver películas de Coppola. Y redescubro "por qué" es un grande del cine. Por sí era poco también empecé con “El padrino”, libro de Mario Puzo. La primera película fue Rebeldes, que nada tiene que ver con la seriebasura argentina que estaba tan de moda hace un tiempo. Es una cinta donde aparecen encantadores jovenzuelos como Tom Cruise. Es de 1983. Lo más impactante, como siempre en Coppola, su luz, la iluminación. Añadir algo más que no se me ocurre ahora. Después vino Tetro. El protagonista se parece mucho a Cortázar de jovencito. Comparte pantalla con la tantas veces escasa de ropa, y sexy, Maribel Verdú. Donde Francis vuelve al blanco y negro. Hace una buena y desconcertante película, aunque para mí sobra metraje en la parte final. El entierro está de más. Yo entiendo que Tetro debería encontrar su final en la entrega del premio. Con respecto a La conversación, del 1974, hay que decir que el principio es demasiado pesado para quien no esté acostumbrado al cine de los 70 (mis padres, nacidos en los sesenta, ambos, se durmieron al verla), aunque la película con un final inesperado y vertiginoso que la convierte en la contrapartida de la antes mencionada Tetro. Parece una apología del Gran Hermano, por cierto. Por último, ví, con gusto, The Cotton Club, nombre del local que todavía está en activo, (al que podría haber entrado en Septiembre si algún amigo hubiese leído con detalle las bases de alguna que otra beca) que alberga a unos mafiosos que parecen más bien el preludio de los del Padrino. Buen papel el de Richard Gere, aunque me asombre a mí mismo diciendo esto. Lo que más impresiona de la película, en cambio, son la multitud de negros, son muchos, de veras, que bailan mejor, con creces, que el difunto Michael Jackson, que son más guapos, mucho más simpáticos y valientes, pero a los que no va a llorar nadie. Este último comentario In Michalem Jacksum cobra sentido para cualquiera que haya visto, el sábado pasado una película que emitieron en Cuatro a las 18:00. La película era Cocktail, de Tom Cruise y en mitad de la misma, sin más, sin venir a cuento, aparece un rotulo en mitad de una escena que inmortaliza un rotundo: Michael, te queremos. No te olvidaremos. No lo entiendo, de verdad. No lo entiendo.

lunes, 1 de junio de 2009

All or nothing at all, Sinatra

Son las tres de la madrugada, estuve viendo una serie entretenida mentes criminales, después de un chapuzón. Me voy a la terraza y leo algo. Le doy a reproducir a toda mi música en el ordenador y suena una voz, o mejor dicho ,“la Voz”, All or nothing at all. Es de 1939 la canción, la música de Arthur Altman y la letra de Jack Lawrence. El importantísimo editor Lou Levy del Tin Pan Alley (descubridor de, entre otros, Dylan) se la pasó ese mismo año a tres orquestas para que la grabaran: la de Freddy Martin, la de Jimmy Dorsey y la de Harry James, en la que cantaba un joven Frank Sinatra. Ninguna tuvo éxito. Más tarde en 1943, en plena guerra mundial, Sinatra había firmado por Columbia pero no podía grabar por la huelga de músicos profesionales. Columbia decidió volver a lanzar un disco antiguo en ese momento: su primer éxito. Mi versión es de 1966, tiene un precioso puente instrumental. “Todo o nada en absoluto / la mitad de un amor nunca me interesó” dice Sinatra. Arrogante ahogante, romanticismo.

lunes, 11 de mayo de 2009

El matiz

Probablemente del lat. matizare, y éste del b.gr. lammatízein, de lámma, matiz.

Términos para el matiz uniforme.

Pianissimo pp. Muy suave la sonoridad.
Piano p. Suave
Sotto voce Voz baja.
Mezza voce A media voz
Mezzo forte mf. Medio fuerte
Forte f. Fuerte
Fortísimo ff. Muy fuerte
Tutta forza La máxima fuerza.

lunes, 16 de marzo de 2009

Pequeña historia del piano

El piano es un instrumento de cuerda percutida. A diferencia de su antecesor el clavecín, de cuerda pulsada, el mecanismo del piano golpea las cuerdas con unos macillos de madera forrados de fieltro accionados por el mecanismo del teclado. Sus cuerdas se hallan tensadas sobre un armazón de hierro fundido introducido en la caja de resonancia que reexpide el sonido. Los primeros modelos del piano datan de 1709 creados por Cristofori. El sistema fue perfeccionado por Silbermann en 1726. Hacia 1760 fue introducido en Inglaterra por Zumpe, discípulo de Silbermann. Posteriormente fue Broadwood el que le incorporaría el pedal fuerte o de prolongación (el derecho para los profanos). Más tarde en Viena, Stein perfecciona la mecánica de los macillos, y en París en 1822 Erad introduce el mecanismo del doble escape con la repetición más rápida. El piano vertical o de pared fue creado en el siglo XIX por Southwell en Dublín. El piano es el instrumento rey con el que los compositores se ayudan para crear música. Renoir, Muchachas tocando el piano.

lunes, 9 de marzo de 2009

La poesía y mi padre

Mon père es una de esas personas que no lee nunca. Le pregunto y me dice que la lectura lo aburre. Lo que a mi me parece curioso es cómo no puede aburrirse sin leer. En verdad sí lee: periódicos. No sé qué prefiero. Me sorprendió mucho cuando encontré un libro dedicado a él en la estantería de mi casa que, como diría Hanks, parece una caja de bombones. Está escrito en la primera página de este libro de poesías:


El hombre no es más que una caña,
la más débil de la naturaleza; pero es una caña que piensa.

A Gerardo, por amable con afecto,

Xis (Manuel Sío Blanco).



El libro se titula “Imperfecciones”: como se ha visto el que mi padre no lea no lo convierte en una mala persona, de hecho, es tan amable que un escritor le regala UN LIBRO. Le pregunté por la historia y me respondió que era un cliente bastante agradecido.

Mi teoría musical se incluye en ese libro:


Repleta está
la música moderna
de viejos y ancestrales
sonidos.


Mi preferido


No fue un imbécil
como para cambiar el mundo
pero tampoco quiso
que los imbéciles del mundo
lo cambiasen a él.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Brahms y Schumann

Una vez se había formado como pianista, a los quince años Brahms ha de empezar a ganarse la vida y en el mes de septiembre de 1848 y abril de 1849 ofrece sendos recitales en Hamburgo. Como complemento, Brahms da clases de piano y acompaña en el teatro estatal o toca en las tabernas de la ciudad. Finalmente, la fortuna sonríe al joven artista cuando el violinista húngaro Eduard Remenyi recala en Hamburgo y lo acepta como acompañante en sus giras. Gracias a él Brahms puede conocer en 1852 al también violinista Joseph Joachim, virtuoso célebre a la temprana edad de 22 años. Joachim intuye el excepcional talento de Brahms al escucharle interpretar sus primeras composiciones para piano, y le anima a presentarse a Robert Schumann. La generosa acogida de éste, a finales de septiembre de 1853, suscita en Brahms una gratitud que pronto tendrá ocasión de demostrar. En febrero del 1854 la locura se apodera de Schumann, que intenta ahogarse en el Rin, en Dusseldorf, y es internado en un asilo de Endenich, cerca de Bonn, donde fallecerá el 19 de julio de 1856. Durante estos dos años, Brahms es apoyo fiel de Clara Schumann y de sus siete hijos, el último de los cuales, Felix, es apadrinado por Brahms, cuya relación con Clara se hace cada vez más y más profunda; su amor durará hasta la muerte de ella en 1896. De la amplísima correspondencia sólo una parte ha llegado hasta nosotros y no permite dilucidar si la relación fue más allá de lo platónico. Lo cierto es que Brahms, que se aproximó al matrimonio al menos en dos ocasiones, con Agathe von Siebold y con la cantante Herminie Spies, nunca llegó a él”.

lunes, 2 de febrero de 2009

Fédéric Chopin

Estaba escuchando un poco de Chopin para empezar a preparar un examen de francés que tengo el lunes. Recuerdo haber hecho algún trabajo sobre él. Pero mi memoria es mala. No sé demasiado sobre este romántico: recuerdo eso sí, sus enfermedades estomacales y su fobia a los espacios abiertos. Busco y me deleito: ¿Hubiese sido Chopin el mismo de no haber caído en París? Ni hablar, imposible. En París Chopin se hizo, pasó de ser Fryderyk ser Frédéric, se esculpió para la posteridad, se entregó, vivió hasta las últimas consecuencias, murió y se inmortalizó. Llegó en 1831. Con la tarjeta de visita llena ya de algunas pruebas de su genio musical. Para entonces había compuesto buena parte de sus Estudiios, opus 10, por ejemplo con lo que había explorado esas microformas del piano que desarrolló durante toda su vida- en preludios, nocturnos, scherzos, polonesas, mazurcas, baladas…- y que le hacen un genial escritor de relatos musicales en ese género más que en otros que pueden ser equiparables a las novelas, aunque éstas, como sus dos conciertos monumentales y sus tres sonatas, sean también obras maestras. Allí estaban Liszt, Mendelssohn, allí el público se perfumaba con las mejores óperas de Rosinni y Bellini, dos de las almas musicales que Chopin más admiró; allí era fácil encontrarse en el mismo salón a Victor Hugo, Balzac, a Meyerbeer, Berilos, Ingres y Delacroix. Todos ellos muy probablemente le escucharían tocar y algunos de sus amigos sin duda dejarían a sus vástagos a su cuidado para sus clases musicales, con las que se hacía un sueldo y que cobraba a precio de oro, unos treinta francos por sesison, lo que le permitió nadar en el lujo. En París, Chopin se convirtió en un referente muy pronto. Se movió como una anguila en los círculos de poder, donde le introdujo la familia Rothschild, que expedían los mejores pasaportes para la élite. Su ambición era convertirse en un intérprete de éxito, pero su salud le regateaba la fuerza física necesaria para aguantar y fue incapaz de resistir ciertas comparaciones como la que suponía ser contemporáneo de Franz Liszt, el huracán del piano, el mayor triunfador de la tecla en aquel París. Tuvieron una intensa relación de amor odio, envidias y admiraciones mutuas que en la historia se han resuelto con empate. Si Liszt fue un intérprete superdotado, Chopin fue un compositor genial para el piano. La fuerza de la naturaleza que debía ser Liszt al piano le deja como auténtico precursor del fenómeno de los fans musicales ¿un pre-Beatle?, quien hacía literalmente berrear a las señoras e impresionaba a sus defensores y a sus detractores. Chopin admitió la supremacía de Liszt en la interpretación con una frase definitiva: “Liszt está tocando mis Estudios- le contaba a su amigo Stephen Heller en una carta- y me trasporta más allá de mis concepciones. Me gustaría robarle su manera de interpretarlos”, cuenta Harold C. Schonberg, crítico de The New Cork Times, en su capítulo dedicado a Chopin del libro Los mejores pianistas. Quizás la fuerza indomable, electrizante de Liszt al piano acobardara un tanto a Chopin- cuyas limitaciones físicas daban para mostrar su téctnica, pero no para arrancar la fuerza suficiente que necesita un concertista en grandes auditorios- y le llevara a dejar de tocar como tal a los 26 años, después de un concierto en París en Abril de 1835. Desde entonces ofrecía recitales en salones pequeños, no con más de trescientas personas de público. Alguna vez lo hizo a cuatro manos con Liszt, que siempre se declaró admirador de su obra y admitió sin reservas su genio creativo agregando a su repertorio de intérprete sus partituras. Y en uno de esos salones conoció Chopin a George Sand, el amor que quedó para la historia. Se la presentó precisamente Liszt en una de esas veladas en las que ambos causaban sensación, porque en materia de donjuanismo, el polaco no era mal pájaro y tenía fama de ligón. Fue una carrera que San frenó en seco. Ella era seis años mayor que él. Su verdadero nombre era Aurora Dudevant y empleaba su seudónimo para firmar novelas como Indiana o Lélia, que impactaron en la época por ser un ataque furibundo a convenciones morales y costumbres como el matrimonio. La recuerdan como un torbellino que fascinaba por su inteligencia y provocaba vistiendo ropa masculina y fumando puros en público. Tuvo amantes como Próspero Mérimée, Alfred de Musset, Jules Sandeau y dicen también que Liszt, pero el influjo de Chopin en su vida le marcó a ella y a sus dos hijos, Maurice y Solange, con quienes el compositor convivió. Por Sand nos que da constancia de su experiencia juntos en ese libro que todavía hoy despierta la ira de los baleares, Un invierno en Mallorca. Pensaron que sería un buen lugar para buscar paz e inspiración y marcharon los dos con los hijos de ella en busca de un refugio donde recuperarse de las distracciones propias de París y cuidar su delicada salud. Pero el carácter de los nativos y un tiempo de perros consiguieron empeorar todo salvo una cosa: el remate de una obra fantástica. En Mallorca perfeccionó sus Preludios, creó algunos memorables nocturnos y seguramente impresionó a su familia postiza por la forma en que componía. Ya sé algo más sobre Chopin. Ahora gramática francesa, qué ilusión.

lunes, 15 de diciembre de 2008

EL nombre de las notas

El nombre de las notas musicales tiene su origen en un himno a San Juan. En concreto, en la primera sílaba de cada verso.

El himno es el siguiente:

Ut queant laxis
Resonare libris
Mira gestorum
Famuli tuorum
Solve polluti
Labii reatum
Sancte Joannes


Posteriormente la nota Ut se transformará en nuestro Do. Y además el "sí" se creará con posterioridad. Actualmente también se utilizan, más en el mundo anglosajón, las letras A, B, C, D, E, F, G para designar las notas musicales. La letra A corresponde al La, y la letra G a la nota Sol. A partir de aquí, los símbolos se repiten y corresponden a las mismas notas una octava más alta. Son estas las 7 notas de la escala diatónica. De cualquier forma, en una octava se utilizan 12 notas (las de la escala cromática). Las 5 notas restantes se simbolizan añadiendo a la derecha el carácter # (sostenido) o b (bemol).

sábado, 6 de diciembre de 2008

Claro de Luna (1er mov) Análisis

Si para algo hubiese valido yo en el terreno de la música, ésto sería la "armonía", la composición o el análisis de partituras. Entre otras muchas aficiones, cuando transcurría mi "aetas pubertem", como dice Tito Livio, me dediqué dos años enteros a despedazar, utilizando etimológicamente el término análisis, obras de grandes compositores como por ejemplo ésta, de L.van.Beethoven. Imprescindible tener la partitura para enterarse.


Op.27 Nº2 Claro de Luna
Sonata casi Fantasía


Este primer movimiento que nos ofrece el gran compositor alemán es totalmente atípico ya que no sigue la estructura de la sonata clásica. Comienza en Do # menor con octavas de blancas en el bajo y en la voz superior tiene tresillos para que efectuen labor de acompañamiento. Tras casi cinco compases de introducción establece la voz que aportará carácter a la obra. Superpone esta voz a la del acompañamiento con tresillos y a la de las octavas. La primera frase modula de Do # menor a Mi Mayor en el segundo compás. Consta de tres compases y medio. Es anacrúsica y masculina dicha frase: no nos es posible determinar sus semifrases con claridad. Tras ésta se establece un compás y medio de enlace entre la frase anterior y la siguiente que comienza igual pero en Do Mayor y en su segundo compás modula a Si menor. Dura tres compases. La estructura es A, B (A´y algo de B), aunque existen los que prefieren analizar nuestra obra prescindiendo del elemento B. Sigue la parte A en Si menor, aquí el autor repite los dos primeros compases, asique podemos hacer una frase binaria de cuatro compases. Sigue en Fa # menor (moduló en el último compás de la hoja). Realiza un V/V (quinto del quinto) en el segundo compás y en el último realiza la anacrusa del tema principal en esta tonalidad para modular a Do # menor en el segundo compás de esta frase que tiene las mismas características que la primera del tema A, o tema principal. Establece un compás y medio de enlace hacia la parte B. Todo el elemento B excepto sus últimos tres compases tiene un pedal de Sol #. Comienza por negras en la voz superior haciendo la melodía pero en el cuarto sistema realiza arpegios con el acompañamiento y con esto crea una nueva melodía. Tras los arpegios establece blancas en la voz intermedia para que en los compases siguiente se deshaga el pedal del bajo y, de esta forma cree cadencias. En el último compás del penúltimo sistema comienza la parte A, de nuevo, en Do # menor (aunque modula después a Mi Mayor). Es semejánte a la frase de la parte A. En la última parte de la hoja realiza un aborto de entrada del tema, ya que la verdadera es en la última parte del primer compás, según creemos. Sigue en Do # Mayor. Realaiza varios VII/IV. Siguen las voces igual, bajo de octabas, intermedia acompañando, superior lleva melodía. El si becuadro se debe a que se va a modular, se va a bajar a "La". En el cuarto compás del cuarto sistema se establece una Coda o tema de conclusión, nos inclinamos más por este segundo término. Adquiere elementos del tema A en el bajo y con acompañamiento y arpegiso de la parte B.
Finaliza como empezó: Do # menor.

Espero retomar mis "análisis" algún día. Por cierto, se hace raro leer algo que has escrito tu al cabo de los años. Os dejo esto sobre la leyenda de la Sonata de Beethoven: aquí. La imagen es un claro de Luna visto por Munch.

sábado, 29 de noviembre de 2008

¿Cómo reconocer la música romántica?

Hace un par de años hice un trabajo sobre el moviviento romántico en la historia de la música. De él sólo recuerdo ésto:
Criterios para reconocer una partitura romántica:


1. Gusto por el virtuosismo y los alardes técnicos.

2. Melodías bellas y apasionadas. A veces adquieren un sabor nuevo debido a la incorporación de giros melódicos procedentes de la música tradicional o popular.

3. Empleo muy flexible del movimiento y la pulsación: el movimiento se modifica a lo largo de la pieza con pequeños acelerando y retardando, que provocan una sensación de vaivén y balanceo.

4. Gran riqueza de efectos de matiz. Uso constante de crescendo y diminuendo, junto con espectaculares contrastes entre fortísimo y pianissimo.La flexibilidad en el movimiento y la riqueza de matices son las características más perceptibles de la música romántica.

5. Las armonías se enriquecieron con cambios constantes de tonalidad.

6. Aumentan las posibilidades tímbricas. Se multiplica la orquesta y adquieren relevancia los instrumentos de viento-metal. Se produce un gran auge de la música para piano.

7. Las formas llegan a tener una gran duración y se aplican de manera más libre. Simultáneamente surgen pequeñas formas que permiten una mayor fantasía y espontaneidad.

8. Todo ello da como resultado una música de gran potencia expresiva y de carácter muy marcado: tremenda y brillante a veces, recogida y lírica otras, la música romántica posee gran capacidad de evocación.

9. Timbre: La orquesta se amplía y el piano predomina por encima de todo.

domingo, 19 de octubre de 2008

Una palabra más del griego: una más al piano

"Krasis" en griego significa mezcla. Se llama crasis a la fusión o contracción de una vocal o diptongo final de la palabra con una vocal o diptongo inicial de otra. El signo de crasis es la coronis(´). καγω por και εγω. Creo que ahora mismo soy una crasis. Como todo mal músico me dedico a tocar el piano cuando me faltan ideas claras, o cuando algo me preocupa, o cuando estoy algo nervioso. Este fin de semana toqué el piano para relajarme. "Moon river, As time goes by, La dispute y mi canción que un día os enseñare (es un "os" muy personificado) "Where have I danced with you before". Para mí la mejor de las distracciones porque mientras toco me oigo sin atención, nada es como antes, y me dedico a pensar. Lo que digo siempre a propósito de la música: soy un infeliz.

sábado, 19 de abril de 2008

Blancas, negras, teclas, lluvia, café.

Lo de las enumeraciones nunca ha sido lo mío. Lo compruebo al ver de nuevo el título de la entrada. En fin. Ayer recibí una visita a media tarde y tomé un caudaloso café. Mal hecho. No me dejó conciliar el sueño, vamos, dormir. Eran las tres y seguía sobando la almohada. Me levanté, ojeé unas cuantas películas y recordé un fragmento de "Shine". La mejor película sobre música que he visto. Un loco. Pero un loco adorable. Es de 1996 y su director es Scott Hicks. El protagonista es Geoffrey Rush, de la más mediática saga "Piratas del Caribe", y de la célebre "Los miserables". Se merece un Óscar, ya. La recomiendo vivamente a todo aquel al que le guste el piano o la música, de verdad.

Hoy llovía y, a pesar del gustazo que da quedarse entre las mantas, me levanté temprano teniendo en cuenta la hora a la que me dormí. Estaba ansioso por tocar el piano. Puse la sordina para no molestar a mi madre que hablaba por teléfono y comencé. Limpié el teclado. Recordé viejos tiempos, cuando me pasaba horas enteras delante de mi Yamaha. Toqué varias piezas. En orden cronológico, coincidió. Empecé por la 1020 de Bach. Seguí por el estudio Op. 10.Nº3 de F.Chopin y terminé con una pieza nueva, que prometo ensayar e interpretar en verano: Clair de Lune de Claude Debussy (1862-1918). Por influencias de David, el prota de la película, pensé en tocar al gran Beethoven, pero no me atreví. No quería ver mermadas mis antiguas cualidades. Niego lo evidente. Soy un infeliz.