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lunes, 27 de septiembre de 2010

Echeveria

Echeveria. Así se llamaba la planta con la que mejor mano tenía. Las hojas formaban una roseta en el suelo, eran muy densas y carnosas. Tenían entre 4 y 8 cm, puntiagudas en su extremo: estaban siempre cubiertas de una “pruina” blanca. El origen de la planta es Mexicano, de Tolimán, donde crece a la sombra de plantas más altas, aunque sorprendentemente no se suele cultivar mucho por allí. Se reproduce por semillas mejor que por esquejes y soporta bien la sequedad. Recuerdo que meses antes de morir, mi perro, El Señor Ruper, la regaba constantemente con su orina: y tanto fue el cántaro a al la fuente que se secó. Casi se va al garete mi deismo.


lunes, 26 de enero de 2009

Gato



Del lat. tardío cattus. Es un mamífero carnívoro fisípedo doméstico de la familia de los félidos, de unos setenta centímetros de largo (20 son la cola). Su cabeza es redonda, su lengua muy áspera, sus patas muy cortas y con cinco dedos en las extremidades anteriores y cuatro en las posteriores. Poseen, esto si que ya lo sabía, uñas muy fuertes y retráctiles, y pelaje espeso y muy muy suave y con diversísimos colores. Es común en todas las zonas habitadas por el hombre. Se cree que el gato africano es la forma originaria del gato doméstico: es propio de África del SO, de Asia e islas de Córcega, Cerdeña y Baleares. Los testimonios sobre la domesticidad del gato son antiquísimos. Los Egipcios lo consideraban una divinidad (la diosa Pat se representaba sentada con cabeza de gato) y según Heródoto, quien matase a un gato sería condenado a muerte (metáfora para evidenciar la importancia del gato). Los griegos y los romanos criaron gatos exclusivamente para la caza de roedores. Hacia los siglos X y XI el gato doméstico llegó a Europa Central y Septentrional, y en los países nórdicos despertó una serie de supersticiones que perduraron a través de los siglos. En la Edad Media fue identificado como criatura diabólica. Se creía que colaboraban con las brujas. Hoy cogí por primera vez en mi vida, motu propio, uno. Tengo que ir acostumbrándome si dentro de poco quiero tener uno.