martes, 28 de octubre de 2008

Una poesía

Imperfectum Sin acabar
Y ya veo tus pretendientes,
mientras me alejo de las doncellas,
roto por ese dolor
que aun no ha encontrado su fin.
¿Nunca podrá ser dulce mi vida?
¿Nunca podré oir sus palabras más cerca?
¿Nunca podré verla a mi lado otra vez?
Por lo menos que sepas que no dejaré de quererte
y te lo digo
aunque por mi mejilla se extienda, avergonzado, el rubor.
¡Qué me ocurra lo mismo que a Ulises!
Quiero estar lejos años y meses y que todo siga igual.
Gracias Horacio, Gracias Catulo, sé que no vais a protestar.

domingo, 26 de octubre de 2008

Donne, well done, de nuevo.

LA PROHIBICIÓN

Guárdate de quererme.
Recuerda, al menos, que te lo prohibí.
No he de ir a reparar mi pródigo derroche
de aliento y sangre en tus llantos y suspiros,
siendo entonces para ti lo que tú has sido para mí.
Pues goce tan intenso consume al punto nuestra vida.
Así, a fin de que tu amor frustrarse no pueda por mi muerte,
si tú me amas, guárdate de quererme.

Guárdate de odiarme,
o de excesivo triunfo en la victoria.
No es que yo a mí mismo haga justicia,
y me resarza del odio con más odio,
pues tú el título perderás de conquistador
si yo, tu conquista, perezco por tu odio.
Así, a fin de que mi ser a ti en nada perjudique,
si tú me odias, guárdate de odiarme.

Mas ama y ódiame también.
Así ambos extremos la función de ninguno cumplirán.
Ámame para que pueda morir del modo placentero.
Ódiame, porque tu amor es excesivo para mí,
o deja que los dos mutuamente, y no a mí, se destruyan.
viviré enttonces para apoyo y triunfo tuyo.
Así, para que tú a mí, a tu amor y odio no destruyas,
déjame vivir, pero ama y ódiame también.


Versión de Purificación Ribes


Y yo me pregunto: ¿Cómo un poeta inglés nacido en Londres en 1572 iba a saber tanto del siglo XXI? ¿Cómo puede tener este poema tanta vigencia todavía?. Jonh es usted un genio. Pertenece a una familia de profundas convicciones religiosas, recibió una educación orientada en principio por los Jesuitas, y a partir de los once años en Hertford College de Oxford y la Universidad de Cambridge, de donde se retiró sin obtener el grado por no renunciar a su condición de católico.Después de viajar por España e Italia, regresó a su país, se convirtió a la religión anglicana, e inició desde 1602 una prolífica carrera literaria, que abarcó desde los temas satíricos referentes a la sociedad y la política inglesa, hasta los más bellos poemas de la lírica amorosa de la época. Está considerado como un maestro de la metáfora, con obras tan importantes como "Satires" en 1600,"The Progresse of the Soule" en 1601, "Divine poems" en 1610, "An Anatomy of the World" en 1611 o "Devotion" en 1624. Muere en Londres, pero en 1631.

Si tuviera la suerte de ser yo quien escribió el poema lo titularía "¿Fueron estas tus palabras o las mías?". Pero yo no soy Jonh Donne.

sábado, 25 de octubre de 2008

Mi Maga

Mi Maga de París en una foto mía
Tengo que darle las gracias a Etienne Moreau Nélaton por donar esta obra al estado Francés. Tengo que darle las gracias al estado Francés por dejarme verla. Tengo que darle las gracias a Eugene Delacroix por haber pintado esta "Jeune Orpheline au cimitière". La pinta sobre el año 1824. Dice su ficha del Orsay: "Delacroix a utilisé, en la modifiant, cette ètude pathètique et sentimentale pour une figure de jeunne homme dans la grande toile des Scènes des Massacres de Scio exposèe au Salon de 1824 (Louvre Salle Mollien)". Lo malo era que yo ya había ido los dos domingos anteriores al Louvre y no me apetecía volver a pagar para ver solo este cuadro de Delacroix. Decidí esperar a verlo en el Google, un gran museo. Aquí lo tenéis. Las caras son muy parecidas, el gesto también.
La Jeune Orpheline au cimitière de cuerpo entero.



Un detalle:

C'est non seulement la douleur qu'il sait le mieux exprimer, mais surtout, – prodigieux mystère de sa peinture, – la douleur morale. Creo que por eso me gusta porque en el fondo un poco la entiendo. Dolor moral y su mirada, por no hablar de su boca semi abierta. De lo más erótico-sensual que vi nunca en pintura. Pero la mirada y el mentón, sí, sobre todo el mentón. Más sobre ella: "Au Salon de 1824, Delacroix expose, sans doute, cette figure de femme, un rien larmoyante, mais d’une réelle beauté d’exécution picturale et d’une évidente force expressive. Longtemps considérée comme une étude pour les Massacres de Scio, exposée la même année au Salon, la Jeune orpheline au cimetière doit être, en fait, une œuvre conçue dès l’origine comme un tableau indépendant".

Leo en Hauser que Delacroix era todavía hasta cierto punto una de las víctimas del mal du siècle. Sufrió, el pobre, profundas depresiones de ánimo, conoció la indecisión y el vacío y luchó contra un indefinible tedio. Era muy melancólico, descontentadizo y padecía un eterno sentimiento de imperfcción. Le atormentó durante toda su vida aquel estado de ánimo en el que Géricault se encontraba en Londres y a propósito del cual escribía a su hogar: "Haga lo que haga, siempre desearía haber hecho otra cosa". Delacroix estaba tan profundamente arraigado en el sentimiento romántico de la vida que ni siquiera las más brutales tentacónes de éste le fueron ajenas. El Romanticismo estaría arraigado en el, en su estructura, pero luchó contra el movimiento romántico como actitud ante la vida, admitió a sus representantes sólo con grandes reservas. Podría decir que parte de ese sentimiento lo veo en el cuadro de la Orpheline, pero no es así. No lo veo. Quizás me guste porque la Orpheline además de bella parece (por su mirada y su gesto) que siente. Y eso es muy raro. "No todo es superficial, nena, no todo es epi-der-mico" (pseudocita de Rayuela) De eso se da uno cuenta con el tiempo. Ya decía Safo algo por el estilo, y algo sabía ésa del amor (aunque no se si llamar de ese modo lo que siento por el cuadro ((notese la ironía)). Tengo una amiga que sabe pintar y no quiere intentar reproducir este cuadro para mí. Un intento y yo sería tan feliz, ¡qué frase tan ambigua! Ambigua como el cuadro, como la joven Orfelina, ambigua como yo...

"Call it murder" y "La vida de los otros"

Sigo viendo películas sobre la justicia. La primera trata la justicia como institución y a la vez lo moral y lo inmoral. Una película que formará al cine negro. Se ve un Bogart muy joven pero igual de duro que siempre. Se trata la pena de muerte en la película, pero me sorprendió que no se tome partida por una postura en contra o por una favorable abiertamente. El guionista es sutil, hace guiños, pero no se revela. El final es, para mí, lo mejor de esta película. Entonces y sólo entonces comprendemos un poco la justicia. En la coda del film tenemos un alegato al escepticismo en torno a los procesos judiciales que dependen de la astucia de los abogados, del poder de algunos jurados. Tenemos justicia politizada, favores que se convierten en realidades: rigor moral y una frase muy muy buena: "No se preocupe Welldom, necesitamos más hombres rectos y honrados como usted". Es digna de tener en cuenta. En "La vida de los otros" vemos más una justicia vital, una justicia humana y menos institucional, aunque esta también esté presente si la buscamos. Un escritor que es vigilado por la Stasi en la Alemania comunista. Corrupción, sexo, literatura, protestas, intelectuales amor, complicidad, traición bajo presión y humanidad, mucha humanidad inesperada. A mí me sorprendió gratamente toda la película pero en especial Ulrich Muhe. Grato descubrimiento, aunque ya lo conocía de "El castillo" de Kafka. Una película interesante y humana, quizás interesante porque es humana, pero a la que le sobra mucho metraje, que tiene amplios espacios y derrocha demasiado en su parte final.

Rayuela Capítulo 92

92 En un solo acto
"Ahora se daba cuenta de que en los momentos mas altos del deseo no había sabido meter la cabeza en la cresta de la ola y pasar a través del fragor fabuloso de la sangre. Querer a la Maga había sido como un rito del que ya no se esperaba la iluminación; palabras y actos se habían sucedido con una inventiva monotonía, una danza de tarántulas sobre un piso lunado, una viscosa y prolongada manipulación de ecos. Y todo el tiempo él había esperado de esa alegre embriaguez algo como un despertar, un ver mejor lo que lo circundaba, ya fueran los papeles pintados de los hoteles o las razones de cualquiera de sus actos, sin querer comprender que limitarse a esperar abolía toda posibilidad real, como si por adelantado se condenara a un presente estrecho y nimio. Había pasado de la Maga a Pola en un solo acto, sin ofender a la Maga ni ofenderse, sin molestarse en acariciar la rosada oreja de Pola con el nombre excitante de la Maga. Fracasar en Pola era la repetición de innúmeros fracasos, un juego que se pierde al final pero que ha sido bello jugar, mientras que de la Maga empezaba a salirse resentido, con una conciencia de sarro y un pucho oliendo a madrugada en un rincón de la boca. Por eso llevó a Pola al mismo sitio hotel de la rue Valette, encontraron a la misma vieja que los saludó comprensivamente, qué otra cosa se podía hacer con ese sucio tiempo. Seguía oliendo a blando, a sopa, pero habían limpiado la mancha azul en la alfombra y había sitio para nuevas manchas.
-¿Por qué aquí? -dijo Pola, sorprendido. Miraba el cobertor amarillo, la pieza apagada y mohosa, la pantalla de flecos rosa colgando en lo alto.
-Aquí, o en otra parte...
-Si es por una cuestión de dinero, no había más que decirlo, querido.
-Si es por una cuestión de asco, no hay más que mandarse mudar, tesoro.
-No me da asco. Es feo, simplemente. A lo mejor...
Le había sonreído, como si tratara de comprender. A lo mejor... Su mano encontró la de Oliveira cuando al mismo tiempo se agachaban para levantar el cobertor. Toda esa tarde él asistió otra vez, una vez más, una de tantas veces más, testigo irónico y conmovido de su propio cuerpo, a las sorpresas, los encantos y las decepciones de la ceremonia. Habituado sin saberlo a los ritmos de la Maga, de pronto un nuevo mar, un diferente oleaje lo arrancaba a los automatismos, lo confrontaba, parecía denunciar oscuramente su soledad enredada de simulacros. Encanto y desencanto de pasar de una boca a otra, de buscar con los ojos cerrados un cuello donde la mano ha dormido recogida, y sentir que la curva es diferente, una base más espesa, no tendón que se crispa brevemente con el esfuerzo de incorporarse para besar o morder. Cada momento de su cuerpo frente a un desencuentro delicioso, tener que alargarse un poco más, o bajar la cabeza para encontrar la boca que antes estaba ahí tan cerca, acariciar una cadera más ceñida, incitar a una réplica y no encontrarla, insistir, distraído, hasta darse cuenta de que todo hay que inventarlo otra vez, que el código no ha sido estatuido, que las claves y las cifras van a nacer de nuevo, serán diferentes, responderán a otra cosa. El peso, el olor, el tono de una risa o de una súplica, los tiempos y las precipitaciones, nada coincide siendo igual, todo nace de nuevo siendo inmortal, el amor juega a inventarse, huye de sí mismo para volver en su espiral sobrecogedora, los senos cantan de otro modo, la boca besa más profundamente o como de lejos, y en un momento donde antes había como cólera y angustia es ahora el juego puro, el retozo increíble, o al revés, a la hora en que antes se caía en el sueno, el balbuceo de dulces cosas tontas, ahora hay una tensión, algo incomunicado pero presente que exige incorporarse, algo como una rabia insaciable. Sólo el placer en su aletazo último es el mismo; antes y después el mundo se ha hecho pedazos y hay que nombrarlo de nuevo, dedo por dedo, labio por labio, sombra por sombra.
La segunda vez fue en la pieza de Pola, en la rue Dauphine. Si algunas frases habían podido darle una idea de lo que iba a encontrar, la realidad fue mucho más allá de lo imaginable. Todo estaba en su lugar y había un lugar para cada cosa. La historia del arte contemporáneo se inscribía módicamente en tarjetas postales: un Klee, un Poliakoff, un Picasso (ya con cierta condescendencia bondadosa), un Manessier y un Fautrier. Clavados artísticamente, con un buen cálculo de distancias. En pequeña escala ni el David de la Signoria molesta. Una botella de pernod y otra de coñac. En la cama un poncho mexicano. Pola tocaba a veces la guitarra, recuerdo de un amor de altiplanicies. En su pieza se parecía a Michèle Morgan, pero era resueltamente morocha. Dos estantes de libros incluían el cuarteto alejandrino de Durreli, muy leído y anotado, traducciones de Dylan Thomas manchadas de rouge, números de Two Cities, Christiane Rochefort, Blondin, Sarraute (sin cortar) y algunas NRF. El resto gravitaba en torno a la cama, donde Pola lloró un rato mientras se acordaba de una amiga suicida (fotos, la página arrancada a un diario intimo, una flor seca). Después a Oliveira no le pareció extraño que Pola se mostrara perversa, que fuese la primera en abrir el camino a las complacencias, que la noche los encontrara como tirados en una playa donde la arena va cediendo lentamente al agua llena de algas. Fue la primera vez que la llamó Pola Paris, por jugar, y que a ella le gustó y lo repitió, y le mordió la boca murmurando Pola París, como si asumiera el nombre y quisiera merecerlo, polo de París, París de Pola, la luz verdosa del neón encendiéndose y apagándose contra la cortina de rafia amarilla, Pola París, Pola París, la ciudad desnuda con el sexo acordado a la palpitación de la cortina, Pola París, Pola París, cada vez más suya, senos sin sorpresa, la curva del vientre exactamente recorrida por la caricia, sin el ligero desconcierto al llegar al límite antes o después, boca ya encontrada y definida, lengua más pequeña y más aguda, saliva más parca, dientes sin filo, labios que se abrían para que él le tocara las encías, entrara y recorriera cada repliegue tibio donde se olía un poco el coñac y el tabaco".
Horacio, te admiro.
Julio Cortázar

martes, 21 de octubre de 2008

Una Pulsión más.

En las conferencias a las que estamos acudiendo en la facultad de Historia de Santiago sobre psicoanálisis los jueves (19:00-21:00h) se aprende más charlando con el ponente que prestándole atención y tomando notas. Siempre ocurre así. O eso parece, al menos. Hablamos del subconsciente y de los psicóticos el otro día. El profesor que daba la "clase" empezó bien: dijo que lo que Descartes deja atrás lo recupera el psicoanálisis 200 años después. Lo que hacen es buscar el sujeto de la duda de Descartes. Me enteré, por ejemplo, en la primera media hora de que un psicótico no duda. Eso me tranquilizó porque yo dudo mucho. Hablamos también de que Alfredo Hitchcock odiaba y amaba (como Catulo ya dijo Odio et amo) a las rubias. Todas sus protagonistas lo eran. Y también bastante frías. Se dijo en aquella sala que Hitchcock era un director psicoanalítico sin saberlo. Preguntó el conferenciante a su público donde se veía representado, en qué lugar se manifestaba en sus peliculas el subconsciente del genial director: yo le dije a mis compañeros en voz baja: en los camafeos. Tenía razón. Todavía me pregunto por qué no lo dije en voz alta. Dejando de lado al genio del suspense se trató un tema interesante: el modo de vivir. Se dijo que el realizar una aventura o algo extraordinario no hace mejor a quien efectúa tal hecho que quien prefiere no hacerlo. Estoy completamente de acuerdo, aunque si me dan a elegir prefiero vivir una vida de altibajos que una vida monótona, pero tranquila. En realidad no tengo claro este punto, y menos ahora. Por otra parte tengo una amiga que alude constantemente a mi niñez, o a la ausencia de la misma: el otro día me acordé de ella en la conferencia porque el conferenciante dijo: "los niños son perversos, no aman". "Los padres no pueden ser amigos de los niños: tiene que haber una franja, que es su palabra: la ley para ellos". Eso creo que es la educación. Después el conferenciante me dió una gran idéa para hacer un poema que algún día mostraré: "los labios se chupan a si mismos, el objeto es sólo una excusa". Toda la conferencía estuvo movida por un principio de entropía, pero fue soberbia, hay que reconocerlo. El psicoanalisis, por lo menos, nos hace pensar, y no sólo en nosotros mismos. El principio de entropía, muy cercano a mí, (terminología procedente de la física y de la filosofía) es en psicoanálisis algo un tanto análogo, creo, a lo que llaman la pulsión de muerte: pulsión de donde parten muchos elementos y comportamientos diferentes, por ejemplo, de esta pulsión nace el amor. La explicación dada es la siguiente: el amor saldría de la muere porque los amados, ambos, al amarse, se juntan y mueren. Mueren al unirse, perdiendo cada uno sus características específicas. Quizás es a eso a lo que tenga miedo el ser humano cuando comienza a amar ¿no creéis?