lunes, 18 de mayo de 2009

De Aquí a la Eternidad


James Jones escribió dos preciosos libros bélicos: De Aquí a la eternidad y La delgada línea roja. El título del primero procede de un verso del poema Gentleman-rankers de Rudyard Kipling. Su director, el vienés Zinnemann (vaya nombre para un cineasta), por cuestiones artísticas quiso que la película se rodase en blanco y negro: “el color habría vulgarizado la historia” dice en sus memorias. Si que la película sea en blanco y negro se lo debemos al director, a la esposa de Frankie, Ava Gardner, que por aquel entonces estaba en Kenia filmando Mogambo, le debemos que La voz aparezca en la película. Burt Lancaster estaba intimidado por la presencia de Clift: era la primera vez que tenía la sensación de enfrentarse a otra gran presencia masculina. El rodaje comenzó en abril, y el primer día Monty apareció borracho. Monty y Lancaster acabaron respetándose (véase la escena de la muerte del primero) pero entre Monty y Sinatra se podría decir que hubo amor a primera vista. Se trasladó la secuencia del gran beso de Lancaster y D. Kerr de la habitación de un hotel a una preciosa playa Hawaiana, a Jalona Cove, en el extremo de O´ahu. En la escena de la muerte de Maggio, Sinatra, Lancaster y Prewitt están bebidos, pero Clift lo está en realidad. Casi no puede realizar esa escena. Sólo lo consiguió, cuentan, gracias a un bofetón de Sinatra, (quien, por cierto, ganó un Óscar por su actuación). Lo que de verdad me sorprende es el supuesto atractivo sexual que muchos críticos proponen para el papel que realiza Deborah Kerr en “From Here to Eternity”. Para mí es inexistente. Prueba de ello quizás sea que disgustada por la claridad y lo explícito con que, a mediados de los sesenta se tratan en Hollywood el sexo y la violencia, Kerr decide retirarse repentinamente en el 69. Yo le hubiese dado el Óscar al bueno de Montgomery Clift: Lancaster me convence en su papel de Sargento, pero después es demasiado rígido con la inatractiva e inapetente Deborah Kerr. Echo de menos una, sólo una, canción de Frank. Preciosa la escena de la Muerte de Maggio: demasiado real e impactante la de Monty: buena la pelea: esperado y demasiado sencillo el final.

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