sábado, 25 de octubre de 2008

Mi Maga

Mi Maga de París en una foto mía
Tengo que darle las gracias a Etienne Moreau Nélaton por donar esta obra al estado Francés. Tengo que darle las gracias al estado Francés por dejarme verla. Tengo que darle las gracias a Eugene Delacroix por haber pintado esta "Jeune Orpheline au cimitière". La pinta sobre el año 1824. Dice su ficha del Orsay: "Delacroix a utilisé, en la modifiant, cette ètude pathètique et sentimentale pour une figure de jeunne homme dans la grande toile des Scènes des Massacres de Scio exposèe au Salon de 1824 (Louvre Salle Mollien)". Lo malo era que yo ya había ido los dos domingos anteriores al Louvre y no me apetecía volver a pagar para ver solo este cuadro de Delacroix. Decidí esperar a verlo en el Google, un gran museo. Aquí lo tenéis. Las caras son muy parecidas, el gesto también.
La Jeune Orpheline au cimitière de cuerpo entero.



Un detalle:

C'est non seulement la douleur qu'il sait le mieux exprimer, mais surtout, – prodigieux mystère de sa peinture, – la douleur morale. Creo que por eso me gusta porque en el fondo un poco la entiendo. Dolor moral y su mirada, por no hablar de su boca semi abierta. De lo más erótico-sensual que vi nunca en pintura. Pero la mirada y el mentón, sí, sobre todo el mentón. Más sobre ella: "Au Salon de 1824, Delacroix expose, sans doute, cette figure de femme, un rien larmoyante, mais d’une réelle beauté d’exécution picturale et d’une évidente force expressive. Longtemps considérée comme une étude pour les Massacres de Scio, exposée la même année au Salon, la Jeune orpheline au cimetière doit être, en fait, une œuvre conçue dès l’origine comme un tableau indépendant".

Leo en Hauser que Delacroix era todavía hasta cierto punto una de las víctimas del mal du siècle. Sufrió, el pobre, profundas depresiones de ánimo, conoció la indecisión y el vacío y luchó contra un indefinible tedio. Era muy melancólico, descontentadizo y padecía un eterno sentimiento de imperfcción. Le atormentó durante toda su vida aquel estado de ánimo en el que Géricault se encontraba en Londres y a propósito del cual escribía a su hogar: "Haga lo que haga, siempre desearía haber hecho otra cosa". Delacroix estaba tan profundamente arraigado en el sentimiento romántico de la vida que ni siquiera las más brutales tentacónes de éste le fueron ajenas. El Romanticismo estaría arraigado en el, en su estructura, pero luchó contra el movimiento romántico como actitud ante la vida, admitió a sus representantes sólo con grandes reservas. Podría decir que parte de ese sentimiento lo veo en el cuadro de la Orpheline, pero no es así. No lo veo. Quizás me guste porque la Orpheline además de bella parece (por su mirada y su gesto) que siente. Y eso es muy raro. "No todo es superficial, nena, no todo es epi-der-mico" (pseudocita de Rayuela) De eso se da uno cuenta con el tiempo. Ya decía Safo algo por el estilo, y algo sabía ésa del amor (aunque no se si llamar de ese modo lo que siento por el cuadro ((notese la ironía)). Tengo una amiga que sabe pintar y no quiere intentar reproducir este cuadro para mí. Un intento y yo sería tan feliz, ¡qué frase tan ambigua! Ambigua como el cuadro, como la joven Orfelina, ambigua como yo...

2 comentarios:

Osore dijo...

¡Te has enamorado de un cuadro! ^_^ Lo cierto es que su rostro es distinto, quiero decir, su expresión. Es como si cuando la ves te encontraras allí mismo, o ella aquí...más bien como si estuviera contigo. Lo sé, éso es lo buscado, pero resulta tan incomprensible cómo puede ser creado algo así por un simple ser humano...No me lo explico.

Ainsh, ya no sé lo que escribo.

Un saludo.

Ó dijo...

Enamoradillo perdido, la verdad. Es preciosa. Y Delacroix me gusta ahora más de lo que me gustaba. Un romantico que no quería serlo. Sorprendente, al menos.