viernes, 26 de junio de 2009

El legado del Sánscrito

Harto de que la gente me pregunte para qué estudio sánscrito, caigo en su juego y busco algunas ejemplos de palabras visiblemente relacionadas por compartir su raíz indoeuropea con algún término sánscrito o por ser préstamos de origen sánscrito al castellano a través de otras lenguas. No debería hacerlo. Me preguntan ¿de qué sirve estudiar latín, griego, o sánscrito?... pero ¿de qué sirve estudiar casi cualquier otra cosa?

  • Asana (una conocida posición de yoga)
  • Atutía o tutía (Del ár. Hisp attutiyya, este del árabe clásico. “tutiya” y este del sánscrito tuttha) Óxido de cinc, generalmente impurificado con otras sales metálicas, que de manera de costra dura y de color gris se achiere a los conductos, chimeneas y hornos donde se tratan minerales de cinc o se fabrica latón.
  • Avatar (Del francés avatar, y este del sánscrito avatàra) Descenso o encarnación de un dios. Fase, cambio, vicisitud. Reencarnación transformación.
  • Hiemal: ‘invernal’ (latín hiemalis; sánscrito hemanta: ‘invierno’)
  • Júpiter (latín Iu-piter: ‘padre de los dioses’; sánscrito Diaus-pitar: ‘padre del cielo’).
  • Brahmán (bráhmana) Del árabe clásico barahman, este del persa barahman, y este del sánscrito bráhman, cuerpo de teólogos. Miembro de la primera de las cuatro castas tradicionales de la India.
  • Buda, del sánscrito persona que ha alcanzado la sabiduría, la perfección.
  • Gurú (del sánscrito gurús, maestro). Jefe espiritual o religioso.
  • Esvástica (del sánscrito svástica) cruz gamada
  • Karma del sánscrito karma “hecho, acción” En algunas religiones de la India energía derivada de los actos que condiciona cada una de las sucesivas reencarnaciones hasta que se alcanza la perfección.
  • Mantra del sánscrito mantra, literalmente pensamiento. En el hinduismo y en el budismo silabas palabras o frases sagradas generalmente en sánscrito que se recitan durante el culto para invocar a la divinidad o como apoyo de la meditación.
  • Nirvana voz sánscrita. En algunas religiones de la india es el estado resultante de la liberación de los deseos, de la conciencia individual y de la reencarnación, que se alcanza mediante la meditación y la iluminación.
  • Yoga del sánscrito yoga: unión, esfuerzo. Disciplinas físico-mentales originarias de la india, destinadas a conseguir la perfección espiritual y la unión con lo absoluto.
  • Ajedrez (préstamo del árabe as-satrany, pero de origen sánscrito: chaturanga, ‘cuatro miembros’).
  • Azúcar (préstamo del árabe, de origen sánscrito: sukha, ‘dulce’)
  • Azufre (préstamo del árabe, de origen sánscrito śulbāri: ‘enemigo del cobre’; siendo śulbā o śulva: ‘cobre’; āri: ‘enemigo’).
  • Azul (Quizás alteración del árabe hispano lazaward, este del árabe lazaward y este del persa lagvard o lazvard y este del sánscrito rjavarta, “rizo del rey”.
  • Burbuja (en sánscrito budbudah).
  • Diestro (latín dexter; sánscrito daksina: hábil, derecho)
  • Naranja (del árabe hispano naranga, este del árabe náráng, este del persa narang, y este del sánscrito nárańga).
¡Ah, y el Sánscrito aun se habla!

El yambismo y Horacio

¿Qué tienen que decir los romanos por sí mismos? El yambo, la sátira. Su nombre, “satira” se relaciona con varios posibles orígenes: primero podría provenir de los “satiros” griegos. Por otro lado podríamos relacionarla con “lanx satura” (una bandeja con ofrendas distintas y variadas). Por último cabe señalar que su nombre podría proceder de una salsa “satura” que se confeccionaba con una mezcla de ingredientes variados. Siempre está presente, como vemos, el concepto de “mezcla”. Esta última parece la opción más convincente ya que la comida está muy presente y en muchas ocasiones tiene un valor metaliterarios dentro de la sátira. El espíritu de la sátira, es decir, la inclinación a zaherir personas o poner de manifiesto llagas, defectos, lo encontramos, en cambio, ampliamente, en la literatura griega: Arquíloco VIII, Hiponactes a finales del VI, Timón en el III y, por supuesto, toda la comedia antigua: Susarión, Quiónides, Magnetes, Ectántidas, Querilo, Cratino, Eupolis, y Aristófanes. Ya en Roma nos encontramos con Ennio y Lucilio. Es considerado, este último el padre de la sátira porque en Ennio falta, se hecha de menos, una invectiva contra individuos concretos, porque Lucilio posee mayor libertad de palabra y, asimismo, por el uso del hexámetro en la satura. La invectiva de Lucilio se relacionó repetidamente con el yambo griego por su brutalidad. Pero ¿por qué permitían esta libertad a Lucilio? ¿Por su origen: por su dinero? Ambos factores influyen. Procedía de una clase dirigente y poseía muchos bienes. Por otra parte, Horacio tiene un tono diferente : él no trata de atacar a alguien con nombre y apellidos, sino que pretende que la gente sea feliz, apela a la virtud mediante sus críticas (constructivas). Horacio es un poeta cívico y un gran defensor del “mos maiorum”. Lucilio sí ataca a sus coetáneos y por ello se convertirá en un símbolo para los satíricos posteriores. Los latinos reivindican “satura tota nostra est”. Teniendo en mente que Lucilio es el primer autor satírico puesto que sus predecsores son para él “semigraeci”. Su primera sátira, de hecho es una crítica feroz al filohelenismo. Como hemos preferido en Horacio falta un enemigo emblemático (aunque a veces llega a dirigirse a la comunidad en general), propio de yambógrafos anteriores. De hecho, a pesar de su supuesta misoginia (que deducimos por su amor a la satira y por su desprecio en cuanto a la elegía donde la mujer es una figura central), el único personaje que aparece reiteradamente es una mujer: Canidia. Aparece tanto en las “satiras” como en los “Epodos”. Suele representarla como una “bruja” especialista en “pocula amoris”. La relacionan con Medea (la bruja por antonomasia de la mitología) . No deja de ser Canidia un alter ego del propio Horacio. Su nombre quizás se deba a que se parece a “Canitia” pelo canoso, o bien a “canis” “perro”. Esta última reforzaría la idea de “achicharramiento” nombre que recibían en la antigüedad las mujeres lascivas. Canidia representa la ira yámbica, autodestructiva en cierto modo. La debilidad de Horacio aparece en dos ámbitos, el tratamiento sexual y su posición respecto a la jerarquía. Con respecto al apelativo usual de “Horacio impotens”, diremos que el problema es más bien social que físico. Cuando aludimos a la impotencia de Horacio no se hace referencia a que sea deficiente físicamente sino a su impotencia social provocada por su falta de virilidad y por su abrumante pasividad sexual. Como afirma Foucault en su Historia de la sexualidad “se trata d eun principio de isomorfismo entre relación sexual y social. Siempre debemos pensar en una polaridad que opone “pasividad” y “actividad”. Además incluso el propio Horacio tneía constantemente en mente el hecho de que era un “advenedizo”, un venido a más,. Es decir, tenía siempre presente su origen, el que su padre hubiese sido un libertoy uqe había escalando entre la sociedad. ¿ Quízás por ello presenta a su “alter ego” Canidia, con tanta ira yámbica, en puntos, autodestructiva? Puede que la debilidad que Horacio no se refiera sólo al tratamiento del sexo (donde aparece Canidia) sino también confluirá su sentimiento de creerse un advenecizo y un parásito con respecto a la jerarquía de Mecenas. En latín el yambo lo ensayó Ennio, lo modeló Lucilio, lo perfeccionó Horacio, y lo acarició Persio mientras Juvenal lo iluminó con todo el imaginario de su retórica.


jueves, 25 de junio de 2009

La "Ley Zapatero".

Estas últimas semanas no tengo demasiado tiempo para escribir en el blog, en cambio, se me ocurren muchas cosas que contar. Hoy va de política, algo de lo que sólo hablo con cuatro o cinco personas y siempre en privado, jamás en una cena o en un lugar público, pues me parece de mal gusto. Vi un par de entrevistas en televisión que hicieron al presidente español del gobierno. Tras la corta derrota en las "europeas" (creo que acabaron 23-22 PP y Psoe), el ejecutivo español decidió intentar acercase al pueblo (que mejor manera que un debate con comentaristas televisivos). Espero que se haya percibido la ironía. Hablaban de la subida de los impuestos. La subida parece normal ¿no? Politicas sociales, igual a gasto público: Estado tiene que recaudar. Lo que yo no entiendo es lo que dijo Zapatero de que esas subidas eran normales, que estaban en sintonía con las de los años anteriores y que respondían en gran medida a la lucha antitabaco y a la batalla contra el medio ambiente. Tabacalera, por lo que he oído, es "media" del Estado. ¿Cómo va a querer el estado que la gente no fume? ¿Y si nadie fuma? ¿De dónde recaudará el Estado? ¿Y si todos nos volvemos verdes y utilizamos sólo el transporte público? Tranquilos, entonces volvería Aznar (quien también estuvo recientemente en Telecinco con una "gran profesional" como es Ana Rosa Quintana) para intentar clasificar las compresas como "bien de lujo". En estos últimos tiempos una de las pocas cosas gratas de la política que conozco es la "Ley Zapatero". A propuesta de los socialistas españoles ha entrado en vigor una ley en Togo, (África, para despistados) que radica la pena de muerte en este país. Y todo esto cuando todavía hay quien la quiere implantar en España, o quienes "se alegran profundamente y están entusiasmados con cualquier ley del aborto". En estos temas sí hay que tener respeto y algo muy cercano al miedo a las palabras. Por cierto, no fumo.

lunes, 15 de junio de 2009

Ignacio Pérez

INESPERADO

Viento fugaz
Te llevas mis anhelos
Los cambias por otros
Aunque no sea mi deseo

Fuiste repentino
(Y tal vez oportuno)
Tarde o temprano
Cambiaría mi camino.

Sabía que lo harías
De uno u otro modo.
De antemano te digo, que por todo
Muchas gracias gran amigo.

martes, 9 de junio de 2009

Não só quem nos odeia ou nos inveja


Não só quem nos odeia ou nos inveja
Nos limita e oprime; quem nos ama
Não menos nos limita.
Que os deuses me concedam que, despido

De afetos, tenha a fria liberdade
Dos píncaros sem nada.
Quem quer pouco, tem tudo; quem quer nada
É livre; quem não tem, e não deseja,

Homem, é igual aos deuses.

Fernando Pessoa, Ricardo Reis

Leí el poema, me gustó y lo anoté. Me desconcertaba lo de Ricardo Reis hasta que me acordé de lo de los heterónimos de Pessoa. No puedo evitar recordar a Safo y a Catulo al leer su último verso.

Fernando Pessoa es tan gran poeta que puede despersonalizarse en la figura de innumerables heterónimos configurando, a través de sus múltiples voces, a la amplitud y complejidad de sus pensamientos. Ricardo Reis, en concreto, marca lo relativo a su nacimiento.

"Médico de profesión, monárquico —circunstancia que lo llevó a vivir emigrado algunos años en Brasil—, educado en un colegio de jesuitas, recibió una formación clásica y latinista y fue imbuido de principios conservadores. Domina la forma de los poetas latinos y proclama la disciplina en la construcción poética. Ricardo Reis es marcado por una profunda simplicidad de la concepción de la vida, por una inmensa serenidad en la aceptación de la relatividad de todas las cosas. Es el heterónimo que más se aproxima a su creador, tanto en el aspecto físico —es moreno, de estatura media, camina algo curvado, es magro y tiene apariencia de judío portugués (Fernando Pessoa tenía ascendencia judía)— tanto en la manera de ser como en el pensamiento. Es adepto del sensacionismo que hereda del maestro Caeiro, pero al aproximarlo al neoclasicismo lo manifiesta en un plano distinto".

lunes, 8 de junio de 2009

Ios y la historia de mi toalla amarilla

Como buen filólogo y humano que se precie me remito más a los documentos, a las pruebas que a mi memoria, reconstrucción o imaginación: escribimos un diario cuando hicimos el interrail. En Ios, la famosa isla griega, comenzó la tragedia de mi toalla. ¡Venga Sófocles, supera esto! :

Escribe mi prima Adriana. “Hoy me levanté bastante negra y ahora estamos en Koumbara beach. Óscar está achicharrándose al Sol y yo en un bar cercano tomándome una coke larga”. Mi prima se cansa de escribir y se dedica a leer “Cien años de soledad”. Más tarde tomo yo la libreta: “De hecho me estaba achicharrando en Koumbara Beach. Era una playa bonita, amplia, para ser griega, aunque no demasiado cómoda, pues los cantos rodados invadían sus orillas y sus poco profundas cercanías. Me bañé unas tres veces al lado de dos chicas creo que griegas que me pidieron un fuego que yo no tenía. Cuando me daba un chapuzón vino Adri a recogerme y tras un par de otos en un mirador volvimos a tomar un bus hasta el puerto de la isla. (1,20 menos) Yo me compré salchichón en la tienda y me hice un macrosandwich dejando únicamente tres rodajas para nuestras vecinas de tienda, las hormigas (estuvieron entretenidas un buen rato). Adri no quiso comer porque le aburren los bocadillos. Estuvimos en la tienda por el frío mientras yo leía en la tumbona. Nos duchamos y nos encontramos a las madrileñas y a una nueva chica llamada Sandra que resultó ser bastante maja. Cenamos los cinco juntos, aunque no todos nos nutrimos demasiado. Cogimos un bus hacia Hora, tras hablar sobre retrestes y posturas “necesarias” durante la cena. En Hora perdimos un componente de la expedición; la chica maja, Sandra se encontró con un chico con el que se había peleado y se fue con el mismo a solucionar sus diferencias. Lo pasamos realmente bien por las angostas callejuelas de la capital de Ios. Llegaron incluso a cantarnos una cancioncilla. Un italiano que había estado de Erasmus en La Coruña nos deleitó versionando el famoso: “Vigo no, Vigo no, Vigo no…”. Yo, en el nombre del Celtismo, tarareé el “Mucho Coruña…Mucho Riazor…” que todos reconoceréis. Charlamos intentamos bailar, tomamos algo, y ya tarde nos fuimos al camping descubriendo una calle que atajaba directamente hasta el puerto, evitando que tuviésemos que sortear curvas imposibles. Intercambiamos E-mails y dormimos. Una de las madrileñas era profesora de niños pequeños y la otra era decoradora de Cuatro. Adri y yo durante la noche le habíamos preguntado de todo sobre gente famosa. Lo que nos contó sobre Iñaki Gavbilondo fue una decepción. El treinta de julio del dosmilsiete se produjo la gran pérdida. Nos levantamos temprano porque el calor era inaguantable en la tienda. Desayunamos bien y fuimos a Milopotas. Adri dio un paseo por la playa y después se fue a tomar algo. Yo me achicharré en la playa, llegando incluso a quedarme dormido. Nos fuimos a comer temprano a un barecillo de la playa. Comimos pittas con patatas. a pesar de haber pedido expresamente mi pitta sin cebolla estaba invadida por ella. Comimos y charlamos con tranquilidad y a al hora de pagar el hombre, o bien se equivocó fortuitamente de mesa para cobrarnos más o lo hizo ex proffeso en lo que sería el cuarto intento de timo que evadimos. En ese restaurante abandoné mi toalla. Allí está mi último recuerdo de ella. Sobre el respaldo de la blanca silla. Mi toalla, del color del Sol, abandonada, quedó en manos de un griego sospechoso de tentativa de timo. A mitad del camino me di cuenta de todo. Era demasiado tarde para volver. Volvimos al puerto tras abandonar mi toalla en aquel bar. Snif Snif. Cogimos un bus para el puerto y leímos toda la tarde en la piscina. Sandra apareció y estuve charlando con ella un buen rato. Adri vino después porque estaba durmiendo en la tienda, creo que enfadada conmigo. Cenamos barato y Sandra, entre lágrimas, puesto que le había contado al detalle la historia de mi toalla amarilla, me prometió recuperarla. Pero no lo hizo, aunque en realidad no lo sabemos, porque no la he vuelto a ver desde entonces. Adri y yo fuimos a dar una vuelta a Hora. Nos dedicamos a buscar gente guapa o individuos que estuviesen mal vestidos: para meternos con ellos, con todos. Estuvo bien. Ios es precioso”.

Esta es la historia de mi toalla amarilla que llevaba conmigo desde los 6 o 7 años: secaba como ninguna: su color era especial: su textura dura e inapelable: estoy seguro de que sus letras blancas indicaban algo profundo, que por una confina razón que atañe al trauma que supuso su pérdida, no consigo conmemorar. Pero que nadie gimotee o solloce porque mi toalla amarilla tiene ya una nueva hermana. Gentileza de unos amigos ejemplares de la Facultad de Filología de Santiago de Compostela. A ellos les debo mi nueva toalla, aunque la nueva sea de baño y no de playa, amarilla. Me la regalaron por mi cumpleaños. Gran obsequio. Gracias Charlos, te la dejaré utilizar cuando vuelvas a mi sofá, o para que la emplees en sacar la pizza del horno. Gracias Suri, resplandeces casi tanto como mi toalla. Gracias Albuela que estabas en tu casa ourensana cuando me la dieron, honorando a tu nombre. Y gracias Raquel por intentar lo de la fiesta sorpresa, por no saber mentir, y por ser tan Flaca.

Siddhartha se hubiera quedado en la terraza.

Me regalaron un libro, Siddhartha, de Hermann Hesse, por mi cumpleaños. ¡Cuántas cosas! Hesse, 1877-1962, está hoy en día muy en boga por su búsqueda del yo profundo mediante una síntesis de espiritualidad pseudoccidental y asiática. Lo publicó en 1922 y resultó ser una de sus novelas más célebres. Plantea el problema espiritual del hombre y plasma la experiencia que vivió el propio autor durante un viaje a la India que emprendió en 1911. Empecé a leerlo inmediatamente después de recibirlo. A menudo en estas dos o tres semanas fui a tumbarme en las escaleras de la plaza compostelana La Quintana. Resultan bastante incómodas al principio. Después te acostumbras y empiezas a valorar otras cosas como el fresco de la piedra, el correr de los niños, o el sonido de fondo del jazzman. Fui varios días, pero entre apuntes de clase y otro libro que estaba leyendo antes que el de Hesse, no había podido finiquitar el breve Siddhartha. Así pues, este fin de semana pasado me lo tomé como una meta. El viernes en el viaje en tren me pegué, alternando con alguna que otra conversación, un gran atracón. Lo acabé ayer por la noche después de que viniese un amigo a casa y jugásemos al billar. Ocurrió lo inusitado: perdí con él. Le quedó buen sabor de boca y me dijo que me cambiase y que me fuese con él. Yo, testarudo, cuando lo acompañé para cerrar el portal, noté que, a pesar de que la lluvia había predominado durante todo el día, se estaba a gusto al aire libre. No lo pensé más y me dirigí hacia mi terraza de lectura veraniega con Siddhartha en los brazos:

“Por la noche admiraba el orden de las constelaciones en el cielo, y la media luna que, como una barca, flotaba en el espacio azul.”

“ Lo primero que aprendió de él fue a escuchar, a prestar oído con el corazón en calma, con el ánimo abierto y expectante, sin apasionamiento, sin deseos, juicios y opiniones.”

Es una preciosa novela ambientada en la India Clásica, con un protagonista que piensa y siente que lo que el hombre debe hacer es encontrar el camino hacia sí mismo. Lo realmente paradójico es que no deje escapara antes a su propio hijo de sus ataduras, de sus brazos. El final: Siddhartha y su amigo Govinda, dos ancianos y una conversación preciosa. Mi profesor de Sánscrito me dijo que había una traducción al latín de este libro. Tanto éste libro como, según dicen, su obra más conocida, El lobo estepario (Steppenwolf de 1927) exploran lo hondo del espíritu.

La perla

John Steinbeck fue un gran escritor, aunque estaba realmente obsesionado por la miseria del sur de los Estados Unidos. The Grapes of Wrath, Las uvas de la ira es su novela más conocida. Todavía no he visto la película de John Ford: lo haré a pesar de que no me la recomendaron demasiado. También escribió la famosa novela East of Edén que inmortalizará James Dean. Esa sí la he visto. Su fijación con la miseria implosiona con gran esplendor en su novela corta The Peral. Este epigrama social tiene un mensaje verdaderamente rural y que jalona las características de la mentalidad sofisticada y arcaica, atroz y a la vez lírica, de Steinbeck. Una piedra hallada por un pescador mejicano mata a su hijo. El lector es quien juzga y valora, quien castiga o quien premia en esta tragedia de Steinbeck, a la vieja usanza, como debe ser. Ganó el premio nobel en el 1962. Hay pocas novelas que yo haya leído enteras un sábado por la tarde.

miércoles, 3 de junio de 2009

Prima non datur, ultima dispensatur

Hoy era la última clase con el profesor sencillo. Comenzó pronunciando el título de la entrada, para decirnos, únicamente, que no podría ser así. Siguió explicándonos que Vesper era un astro que trae la noche (vespertino). Diferenciamos entre inimicus y hostes (enemigo personal el primero y enemigo de guerra el segundo. Se enrolló un poco cuando nos intentaba explicar que la palabra fata (destino) viene de fors faris fari fatum: lo dicho, lo pronunciado. Tradujimos unos diez versos. Después habló con nosotros, sus tres alumnos. Nos advirtió de que seríamos los continuadores de las lenguas Clásicas, que de nosotros iba a depender que se siguiese estudiando latín: cosas así. Recordó, a proposito de los ministros, el célebere "más tecnología y menos latín". Eso ya lo había dicho Soler Ruíz, un ministro falangista nacido en Cordoba, en los sesenta, aunque con una variante: "menos latín y más deporte". Inde (desde aquí), como diría el profesor alegre y sencillo, trató de analizar y de prevenirnos sobre algunos de los defectos más importantes de la civilización occidental: lo material. Me gustó su critica a los viajes: se emplean para quedar bien delante de la gente, de los amigos. Normalmente la gente llega un punto en que se aburre en los viajes. Yo me aburro viajando. Además si viajas demasiado puedes llegar a caer en el escepticismo. Ya me lo decía una amiga: se confunde el turismo con la cultura. Yo lo compruebo cuando llega el verano: todos me preguntan por mis viajes, por qué voy a hacer. Me dibujan una sonrisa graciosa los momentos en los que digo a alguien que hice el interrail; se me queda mirando. "Ése es mi sueño", "qué bonito" dice, admirado. En cambio muy poca gente me pregunta qué tal, cómo lo hicimos, por dónde, dónde dormimos, a qué precio, qué vimos... Concluye el profesor su intervención afirmando que los ministros, los contrarios al latín, son pasajeros, y que, en cambio, el latín estará presente per saecula saeculorum, al igual que la lógica, aunque si lo pensamos bien el pensamiento lógico está siendo invadido por la tecnología, por las máquinas. Yo creo que lo noto en mis primos pequeños. Para saber usar una máquina no se necesita saber pensar. Todo se reduce a Gregarios y de Egregios: gregario es el que sigue al rebaño, egregio es el que sale del rebaño. Parece que lo que buscan los ministros al "invertir" es que piensen las máquinas. ¿Por qué será? El profesor sencillo habló finalmente del tiempo cuando al salir de clase observó un paraguas y dijo: ¿quen é o pesimista que trouxo isto?

lunes, 1 de junio de 2009

El segundo beso siempre es mejor para Lauren

El pasado miércoles 27, después de ver la victoria del F.C.Barcelona en Roma, iba a salir de copas con un par de madridistas, este año es paradójico que diga eso (por lo de las copas), pero me encontré mal y decidí irme a un piso santiagués a descansar, pues había dormido poco, ver una película: no salir. Tenía tres películas: El puente sobre el Río Kwai, La casa en la sombra y El sueño eterno. Cualquiera que me conozca sabrá por cuál me decanté esa noche. Hay rumores de que ni el director de El sueño eterno, Howard Hawks, ni el guionista, Faulkner, ni Chandler, ni el propio Bogey, supieron en algún momento quién era el asesino en The big Sleep. La película está basada en una novela de Raymond Chandler y fue adaptada para cine por un Nobel: Faulkner. La película alberga grandes diferencias con su antecedente literario. Por ejemplo tenemos el tratamiento de Geiger y Lundgren como homosexuales en el libro, y que en la película no hay rastro de ello. Otro detalle, que me sorprende que no incluyesen en la película es una conversación entre Vivian y Marlowe. Marlowe le enseña una foto de Carmen desnuda y el detective le comenta: “Tiene un bonito cuerpo, ¿verdad?...Debería ver el mío”, le contesta. Lo más importante de los cambios entre Literatura y Cine, fue el hacer que Vivian pueda vivir una aventura amorosa con Marlowe, lo que no ocurre ni remotamente en la novela. Fue la primera novela que publicó Chandler (1888-1959), cumplidos los 51. Le importa poco la lógica de los acontecimientos e incluso llega a olvidarse a mitad de camino a algún que otro personaje. Mucha, gran parte, casi todo el éxito, como no podía ser de otra manera, surge del protagonista del libro, Philip Marlowe, el prototipo de detective privado que arrasaría con la novela policiaca que se escribía hasta la fecha y que a partir de Chandler, sin olvidar a Hammet, va a ser el santo y seña de la novela negra. También parece tonto, inútil y descabellado discutir sobre la composición del personaje que hizo Bogart. Logró llenarnos con una imagen tan potente que cualquier crítica a su evidente hieratismo y a su absolutamente buscada y pretendida carencia de matices resulta superflua. Bogart es Marlowe y, en consecuencia, Bogart es el más grande, es todos los detectives privados que han sido, son y serán. Si le añadimos su química con Lauren Bacall, demoledora, sensual, fatal y el ambiente de opresión, nocturno de grandes lluvias y continuas sombras que crean entre Hawks y Chandler, llegamos a un conjunto que nos permite ser comprensivos y generosos con las ridículas y tontas peleas y riñas que aparecen en la película. Yo llegué incluso a preguntarme si la paliza que le dan a Bogart la graban y la hacen tan ridícula e inverosímil con intención de que el comentario posterior de uno de los secundarios, de los cuales no he hablado porque en el cine americano de los 40-50 son la mayoría soberbios: el comentario es el siguiente: “es la peor paliza que he visto en mi vida”. ¿Buscan una risa del público? Ya sé que no, pero parece. Pero lo mejor de la película, como de la vida, son los diálogos. Secos, divertidos, brillantes. Hay varios de ellos espléndidos entre los dos protagonistas. Yo tengo especial preferencia por su conversación sobre el comportamiento de los caballos de carreras en el restaurante. El detective dice a la chica que suele apostar a los caballos, y poco después le pregunta por qué no tiene una pareja y le contesta: “Hablando de caballos, antes de apostar me gusta ver cómo arrancan, cómo corren y cómo van en la carrera”, y añade: “Me parece que a usted le gusta arrancar fuerte”. Marlowe dice:”Por mi parte creo que tiene usted cierta clase, pero no sé adónde puede llegar, ni cuánto puede correr”, y Vivian responde: “Eso depende bastante del jinete”. Por si el ambiente no está ya caldeado hay varios momentos de sexo muy sutil, implicito y delicadamente indicado en la película: Es el caso de la librería de enfrente a la del mafias Geiger. La chica empleada invita a Marlowe a quedarse y cierra la puerta y se quita las gafas y se deja el pelo suelto antes de comenzar a beber whisky con el detective. Por otra parte, la taxista femenina le dice a Marlowe que puede llamarle cuando la necesite. “¿De día o de noche?” pregunta él. “Mejor de noche, por el día trabajo”. Hay una divertida y extraña escena en la que Vivian trata de rascarse una pierna, sensualmente, por cierto, sin que su falda se vea perjudicada: Marlowe, descortés, promulga: “Rásquese a gusto”. Ella se sorprende y acaba haciéndolo levantando un poco la prenda y mostrando una pequeña porción de su muslo en primer plano.



En esta película ya están juntos Bogart y Bacall, es su primera película de casados, y en la película tardan mucho en besarse. Lo hacen en el coche, si mal no recuerdo: Bogart- “Ya le dicho que usted me gusta”. “Ojalá lo demostrara”, responde Bacall. Eso es sumamente fácil. La besa. “No está mal, me gustaría otro”. La vuelve a besar y ella dice. “Ha sido aun mejor”… “Muy bien” acaba Bogart antes de comenzar a interrogarla. En Tener y no Tener también el segundo beso le gustaba más con aquel “It is even better when you help”.


Diálogos y frases célebres con otros actores:


“Va demasiado lejos, Marlowe”, “Cartas boca arriba”.

“¿Tan imbécil me cree?” -“No, sólo como cualquier estafador.”

Bogart le pregunta a Eddie Mars si le ha puesto un coche siguiéndolo y éste, inteligente, le responde: “No, no me interesa usted hasta ese punto”.

“Hola. ¿Qué propina le dará a la chica del guardarropa? Estoy pensando en algo apropiado.”

Horacio Oliveira


El jueves, a las cuatro de la mañana, hablamos de un grande: de Rayuela. Cortázar me puede. En lugar de estudiar tomo su libro y leo en la terraza, casi sin luz eléctrica, forzando. A veces me ocurre que me identifico, que veo rasgos de mí, en algún personaje de una novela. Horacio. Yo. ¿Horacio? Por dios, es demasiado para mi. En cambio, por momentos me recuerda cosas: espejos y puentes, puentes y espejos. Su espejo vivo era la Maga. “éramos, un poco, sus espejos, o ella nuestros espejos. No se puede explicar”. Asimismo, declara Cortázar que en Rayuela “Oliveira siempre está pensando en cruzar un puente”. Además, “para la Maga, el deseo de que todo terminara era (…) algo así como el arco de dos puentes, que siempre la emocionaban”.

All or nothing at all, Sinatra

Son las tres de la madrugada, estuve viendo una serie entretenida mentes criminales, después de un chapuzón. Me voy a la terraza y leo algo. Le doy a reproducir a toda mi música en el ordenador y suena una voz, o mejor dicho ,“la Voz”, All or nothing at all. Es de 1939 la canción, la música de Arthur Altman y la letra de Jack Lawrence. El importantísimo editor Lou Levy del Tin Pan Alley (descubridor de, entre otros, Dylan) se la pasó ese mismo año a tres orquestas para que la grabaran: la de Freddy Martin, la de Jimmy Dorsey y la de Harry James, en la que cantaba un joven Frank Sinatra. Ninguna tuvo éxito. Más tarde en 1943, en plena guerra mundial, Sinatra había firmado por Columbia pero no podía grabar por la huelga de músicos profesionales. Columbia decidió volver a lanzar un disco antiguo en ese momento: su primer éxito. Mi versión es de 1966, tiene un precioso puente instrumental. “Todo o nada en absoluto / la mitad de un amor nunca me interesó” dice Sinatra. Arrogante ahogante, romanticismo.

Pan

Cuando visteis el título seguro que algunos de vosotros, los más culturetas, creísteis en que esta entrada trataría del ser mitológico: no. Hoy sábado bajé tarde a comer y mi padre estaba mordaz, sarcástico. Un humor casi epigramático. Hice un comentario sobre el pan. Le dije: ¿por qué está tan seco el pan? Y me respondió, interpretando su papel de enfadado: “estaba na bolsa do pan e co calor debeu coller humidade”. Seco y frío. Cuando acabé de comer se fijó en que yo estaba observando con atención otra barra de pan que había encima de una mesa cercana la cual no parecía tan húmeda y dura (era del día) como la que en la comida mi padre me había dispuesto y me dijo con una gran sonrisa: “Estaba humedo o pan, ¿eh Óscar?”. Sabe que odio el pan reseso (revenido).

Sobre un tipo especial de la elección de objeto en un hombre


Comienza Freud su artículo, escrito en 1910, adelantándose a su tiempo, ya que ejerce de una especie de teórico de la literatura al afirmar que los poetas “reúnen, en efecto, ciertas condiciones que les capacitan para la descripción de las condiciones eróticas”. Matiza su afirmación haciendo hincapié en que el poeta, al describir tales condiciones se deja llevar por su ansia de provocar un placer estético e intelectual, así como ciertos efectos sentimentales; lo que le impedirá presentar la realidad, según Freud, tal como se le ofrece. Se nos da a conocer, en este punto, el autor con su faz más positivista, ya que asegura que la ciencia “constituye precisamente la más completa renuncia al principio del placer” y por lo tanto se ve casi obligado a intentar someter a “las condiciones eróticas” a un estudio plenamente científico. Esta parece ser una de las cuestiones que algunos estudiosos admiran del psiconálisis y de Freud: su desmedida ambición por hacer ciencia. ¿Cómo se puede estar tan convencido del valor objetivo y de la equidad de la ciencia estando tan sujeto, en todo momento, a patrones con un carácter netamente filosófico, cuando se encuentra la propia filosofía y “los mitos” que Freud emplea en sus estudios tan ligada en sus orígenes a la poesía?

A continuación Freud nos presentará algunos de los tipos de la elección masculina del objeto amoroso. La primera de las condiciones eróticas es de carácter específico. El perjuicio del tercero, la denomina. Consiste básicamente en que el sujeto no elegirá jamás como objeto amoroso a una mujer que se halle libre. Una mujer puede pasar de la indiferencia para un hombre a constituirse como su objeto amoroso en cuanto entable algún tipo de relación con otro hombre. La segunda de las condiciones se basa en que la mujer casta e intachable no ejerce nunca sobre el sujeto aquella atracción que podría constituirla como objeto amoroso. Este privilegio lo albergan otras mujeres al menos “sospechosas” sexualmente, cuya pureza y fidelidad pueden ponerse en duda. Freud llega a denominarlo “amor a la prostituta”. Si la primera de las condiciones proporciona al hombre impulsos de hostilidad para con sus rivales, la segunda de las condiciones produce son celos en el sujeto masculino. ¿Pero no resulta extraño que los hombres consideren grandes y valiosos objetos eróticos a aquellas mujeres cuya conducta sexual es variopinta y dudosa? Lo que propone Freud es que los hombres, en este caso, se desinteresan de todo aquello que no se refiera a su amor. Este tipo de mujeres son para ellos a quienes se puede amar y sus propiedades muestran un carácter obsesivo, propio del enamoramiento. Otra de las características más singulares de esta clase de amante sería su tendencia a salvar a la mujer elegida. Cree el propio sujeto que sin él perdería todo apoyo moral y descendería rápidamente a un nivel lamentable. La salva al no abandonarla.

Todas estas características, según Freud, derivan de la fijación infantil del cariño a la madre y constituyen uno de los desenlaces de la fijación. Con respecto al “tercer perjudicado” es evidente que para el niño criado en familia la pertenencia de la madre al padre constituye un atributo fundamental de la figura materna. El tercero no será el padre mismo. La cuestión es que nadie tiene más de una madre. Es llamativo, asimis mo, lo que afirma Freud acerca de las repetidas preguntas de los niños en una determinada edad: “es producto del peso de un secreto que quiere surgir a la luz, pero que ellos no revelan, a pesar de todas las tentaciones”, es “una sola interrogación que no se atreven a preguntar”.

En cambio, la segunda condición, “el amor a la prostituta” no parece poder derivarse del complejo materno. La antítesis entre madre y prostituta lleva a Freud a investigar la evolución y la relación inconsciente de estos dos complejos, pues se sabe que en lo inconsciente suelen confundirse en uno sólo elementos que la conciencia nos ofrece antitéticamente disociados. Ello conduce a Freud al período en el que el niño llega al conocimiento de las relaciones sexuales de los adultos (antes de la pubertad). El niño, impresionado por la aplicación de sus nuevos conocimientos en sus propios padres, suele autonegárselo. Asimismo, averigua que ciertas mujeres realizan profesionalmente el acto sexual y por ello son despreciadas. Al principio el niño no compartirá el desprecio y llega pensar que la diferencia entre la madre y la prostituta no es tan grande, puesto que ambas realizan el mismo acto. En este punto, el niño vuelve a desear a la madre y odia al padre: queda dominado por el Complejo de Edipo. Que la madre, su madre, haya otorgado al padre el favor sexual le parece constituir algo semejante a una imperdonable infidelidad. Esto lleva al sujeto al onanismo. Sus fantasías suelen estar relacionadas con una infidelidad de la madre. Su amante, en sus fantasías, es el propio Yo del niño, pero idealizado y con la edad del padre. Explicado esto por Freud, ya no parece una antítesis ni un planteamiento contradictorio, sino que es comprensible que la liviandad que exige el objeto como requisito de su elección se derive también directamente del complejo materno.

Con respecto a la tendencia a redimir a la mujer querida, parece desprenderse del complejo parental. Cuando el niño oye decir que debe su vida a sus padres o que su madre le ha dado la vida suergen en él impulsos cariñosos unidos a otros antagónicos de afirmación personal independiente. Pretende pagar de manera análoga la deuda que al nacer contrajo con ellos. Tiene una fantasía: salvar a su padre de un peligro de muerte. En esta redención, al contrario que en la materna, predomina un sentimiento de rebelde independencia personal. El caso de la madre tiene un matiz más cariñoso. No es fácil para un niño corresponder a lo que ha hecho la madre por él, pero mediante un cambio de sentido que se da en lo inconsciente y que se puede equiparar a la difusión consciente de los conceptos, la salvación de una madre adquiere el sentido de hacerle un niño semejante al propio sujeto. La madre le ha dado la vida y él le corresponderá con otra vida. Pretende ser su propio padre.